
La Fundación TBA21 y el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presentan Pedagogías de guerra, la primera exposición individual en España de Roman Khimei y Yarema Malashchuk, figuras centrales de la nueva generación de artistas visuales ucranianos.
Roman Khimei (Ucrania, 1992) y Yarema Malashchuk (Ucrania, 1993) forman dúo artístico especializado en cine y artes visuales desde 2016. Situada en la intersección entre el documental y la ficción, su práctica aborda la historia reciente de Ucrania, así como las condiciones actuales de su sociedad y ecosistemas. A través de instalaciones de vídeo multicanal que combinan narrativas cinematográficas con mediación tecnológica, examinan los marcos persistentes del poder posimperial y su impacto en una generación atrapada entre el trauma histórico y un futuro incierto. En lugar de tratar la guerra como un acontecimiento excepcional, Malashchuk y Khimei la conciben como una fuerza persistente que moldea los cuerpos, territorios y regímenes de conocimiento. En este sentido, sus imágenes en movimiento no se limitan a ilustrar la guerra, sino que, basándose en un cambio hacia una estética más pedagógica y encarnada, nos enseñan a entender la guerra como una condición estructural.
Comisariada por Chus Martínez, la muestra que se puede visitar del 3 de marzo al 21 de junio propone cuatro instalaciones audiovisuales creadas desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia. Las piezas analizan cómo, en un contexto donde la guerra es omnipresente y cada vez más mediada por pantallas, sistemas algorítmicos y tecnologías remotas, la violencia sistémica se infiltra en la experiencia cotidiana. Esta violencia reconfigura la percepción, el comportamiento y la vida colectiva, operando incluso antes de que pueda ser nombrada o comprendida.

Los artistas huyen de la idea de la guerra como un acontecimiento histórico singular y rompen con la constante visual que llega desde los medios de comunicación: el conflicto como espectáculo. La muestra concibe la guerra como un sistema de entrenamiento que moldea silenciosamente los cuerpos, reorganiza la atención y altera la experiencia misma de la realidad cotidiana. En palabras de Chus Martínez: «La exposición puede leerse a través de la paradoja formulada por Bertolt Brecht, quien distinguía entre Erlebnis —la experiencia vivida inmediata e inmersiva— y Erfahrung, la experiencia procesada, reflexionada y transformada en conocimiento. Para Brecht, el arte no transmite directamente la experiencia vivida; la convierte en una forma de comprensión. ¿Qué tipo de conocimiento puede producir entonces el arte sobre la guerra? Una posible respuesta, explorada a lo largo de esta exposición, es que la guerra lo transforma todo de manera radical, mientras que otros aspectos se mantienen inquietantemente familiares«.
La práctica artística de Roman Khimei y Yarema Malashchuk se desarrolla en la intersección entre cine, performance y observación social. Su metodología va más allá de la grabación documental y recurre a la creación de situaciones ficcionadas para reflexionar cómo la propia violencia se escenifica y se interioriza en contextos de guerra. «Desde nuestra perspectiva de civiles, nuestros trabajos ofrecen un tiempo distinto al de los medios, que permite ralentizar la mirada e invita a la reflexión. Nos interesa cómo la guerra se infiltra en la vida cotidiana, cómo altera la percepción y cómo se forma la memoria cuando conviven, como es nuestro caso, la proximidad al conflicto y la distancia que debemos tomar como artistas«, explican.

Las cuatro videoinstalaciones, creadas a partir de imágenes cinematográficas escenificadas y registros de personas reales que viven la realidad de la guerra en Ucrania, diluyen los límites entre el documental y la ficción. Las obras, en su conjunto, tratan de combatir los clichés de una ciudad en guerra e invitan al espectador a experimentar cómo es la cotidianeidad en la ciudad de Kyiv –y de otros territorios ucranianos– entre un bombardeo y otro; intentando erosionar la distancia de seguridad que, como espectadores, generamos ante una guerra televisada.
La videoinstalación que abre la exposición es The Wanderer [El caminante] (2022), una pieza producida poco después del inicio de la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia y que forma parte de la Colección TBA21. En ella, los artistas utilizan sus cuerpos para escenificar las posturas de los cadáveres de los soldados rusos caídos que se confunden con el paisaje natural de los Cárpatos. La videoinstalación remite al célebre cuadro romántico El caminante sobre el mar de niebla (hacia 1817), de Caspar David Friedrich, y, por extenso, a la tradición de apropiación del paisaje que define la estética colonial. Frente a los horrores reales de la guerra, los artistas cuestionan la representación romántica de la muerte como algo sublime. El proyecto establece también un guiño a la obra del colectivo artístico ucraniano Fast Reaction Group —formado por Sergiy Bratkov, Boris y Vita Mikhailov, Sergi y Solonsky—, conocido por sus acciones satíricas y provocativas. Su serie fotográfica Si yo fuera un alemán (1994) recreaba las acciones de los soldados alemanes durante la ocupación de Járkiv en la Segunda Guerra Mundial. Khimei y Malashchuk quieren releer la escena con la postura alemana y europea en el presente conflicto.
La segunda pieza, Open World [Mundo abierto] (2025), presentada recientemente en la 36ª Bienal de Artes Gráficas de Liubliana, es una videoinstalación que articula códigos del videojuego con recursos del cine documental. Tres años después de la invasión, acompaña a un joven ucraniano desplazado por la guerra mientras teledirige un perro robot de uso militar para recorrer las calles y los lugares de su infancia. Al resignificar un dispositivo diseñado originalmente para la vigilancia y la destrucción en un medio de vínculo y comunicación, los artistas invitan a reflexionar sobre la idea de resiliencia, el recuerdo y la posibilidad de conservar un sentido de pertenencia a pesar de la distancia.

La tercera obra de la muestra, You Shouldn’t Have to See This [No deberías tener que ver esto] (2024) –reconocida con el Premio Curatorial de OFFSCREEN París, un galardón que premia no solo la obra sino el trabajo curatorial y la potencia conceptual– es una videoinstalación de seis canales que, marcada por el silencio, presenta a niños y niñas ucranianas mientras duermen. Lejos de la aparente quietud de esas imágenes, esos menores son algunos de los más de 20.000 casos documentados de personas trasladadas a la fuerza a territorio ruso –y después devueltas a su país de origen– desde el comienzo de la guerra entre Rusia y Ucrania en 2014. Al cruzar intencionadamente los límites de la privacidad y caminar por la fina línea entre una mirada afectuosa y el voyerismo, Khimei y Malashchuk cuestionan cómo los medios de comunicación moldean nuestra percepción: cómo percibimos lo que se muestra y lo que se oculta. La instalación sitúa así al espectador en el terreno complejo de ser testigo, un espacio en el que convergen la empatía, la responsabilidad y la reflexión.
Por último, el dúo presenta por primera vez We Didn’t Start This War [Nosotros no empezamos esta guerra] (2026), un nuevo encargo de TBA21 para el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Esta instalación –cuyo título hace referencia a una frase que la sociedad civil ucraniana repite tras la invasión rusa– presenta un tríptico audiovisual concebido en un contexto bélico donde las imágenes no muestran representaciones violentas del conflicto. En su lugar, las pantallas muestran el resultado de una atención sostenida a una rutina que casi ha desaparecido para la sociedad ucraniana: la vida cotidiana que transcurre sin catástrofes visibles. En palabras de los artistas, «a través de la recreación de la realidad cotidiana en Kyiv, iniciamos una conversación con el espectador sobre la representación de un país en guerra».

En conjunto, los cuatro videoensayos reivindican la capacidad del arte para sostener una reflexión colectiva en un momento en que la violencia corre el riesgo de convertirse en un fenómeno rutinario. La exposición apuesta por la experiencia directa y por el diálogo entre el cine y las realidades sociales contemporáneas. Un lugar desde el que reivindicar el arte como un espacio político compartido, donde las personas aparecen como iguales y la paz puede seguir pensándose como una práctica colectiva diaria.
Un completo programa público de actividad multidisciplinar –que incluye performance, live sets, encuentros con los artistas, recorridos performativos y nocturnos a la exposición o un programa de cine en colaboración con la Filmoteca Española– con artistas internacionales, acompaña Pedagogías de guerra de marzo a junio.
En los cuatro meses de apertura de la exposición, el programa público se completa con un ciclo de cine, comisariado por Malashchuk y Khimei, en colaboración con la Filmoteca Española. La programación ofrece una revisión de conflictos históricos a través de una selección de obras contemporáneas y clásicas de cinematografía ucraniana. Del 21 de marzo al 30 de mayo también tienen lugar recorridos performativos nocturnos; una selección de propuestas artísticas seleccionadas a través de una convocatoria abierta que proponen lecturas multimedia y multiformato del proyecto, concebidas específicamente para el espacio expositivo. Por último, junto a Educathyssen, se han desarrollado una serie de actividades y visitas dialogadas a la exposición que invitan a una reflexión colectiva sobre cómo la guerra produce formas de conocimiento que sólo surgen en condiciones extremas.
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