Seefeel: Sol.Hz (Warp Records)

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Recomendamos el nuevo trabajo de la banda británica, que vuelve con todas las de la ley de la mano de Warp. En su primer álbum al uso en quince años, Clifford y compañía tratan de repetir la fórmula de su último EP, con un ambiente más enredado, si cabe.

La intermitencia o la latencia siempre han sido bandera del grupo británico Seefeel. Navegando entre diversas aguas simultáneamente, la banda afiliada a Warp desde su segundo y maravilloso lanzamiento, Succour (que tiene ya 31 años) arrastrará indefinidamente la etiqueta de ser una agrupación de música de guitarras para gente que no escucha música de guitarras. Pero hace tiempo que Seefeel no suenan a nada parecido al shoegazing en el que se les trató de encasillar. Tras 15 años sin un largo propiamente dicho
—asumimos la narrativa oficial, obviamos el LP con KMRU— , el grupo vuelve en formato long play con Sol.Hz, un álbum que continúa la estela del hermoso EP que lanzaron en 2024, Everything Squared.

Su nuevo trabajo se mueve entre el dub, el ambient y un IDM pesado, cadencioso e hipnótico, lejos tanto del post rock al uso como de cualquier tag fácil de pedaleo que colocarle (de ahí que ya hayamos mencionado unos quince géneros musicales). En nueve canciones, Seefeel nos recuerdan el talento que tienen para enrevesar, de manera latente —de nuevo— percusiones profundas y abisales con los dulces vocales de una Sarah Peacock perdida en una marisma de reverberaciones y ecos esotéricos. Siendo francos, este Sol.Hz no mejora los logros de su predecesor de 2024. Más bien funciona como un peculiar acercamiento a dicho sonido, basado en la dubificación y disociación de los elementos más melódicos, que se pierden en unas capas, eso sí, profundamente hermosas y narcóticas.

Delicia para los fans, desafío para los nuevos, Sol.Hz es un álbum que en líneas generales continúa la pesquisa ambient que Seefeel han abordado en estos últimos quince años, los mismos que llevan “sin publicar un disco”. No comparable con la deriva abstracta de Autechre, lo que sí se percibe en el recorrido de la banda formada en Londres es una tendencia cada vez más etérea y anárquica; obsolescente. Con todo, canciones como Ever No Way o Falling First nos muestran a unos artistas que siguen construyendo patrones rítmicos y estructuras sonoras con vida propia, con una idiosincrasia solo comparable a las exploraciones interestelares de bandas como Global Communication. El viaje intrapsíquico, una vez más, está asegurado. Aunque tal vez no en la zona chill out, sino al fondo de un paseo ketamínico y lenitivo, justo en el cruce de varias cosas; donde a ellos les gusta estar.