Crónica L.E.V. 2026: 20 años de tamices digitales y erupciones experimentales

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Alva Noto. Foto: Elena de la Puente

El festival gijonés ha sostenido de forma ejemplar y resiliente una propuesta que poco a poco no sólo se ha ido haciendo un hueco en nuestro país sino que ha esparcido su ethos (escucha atenta, IDM, curaduría visual) hacia otras ciudades y eventos nacionales y este 2026, se ha extendido de manera aún más contundente por su ciudad.

Este año el L.E.V. cumplía nada menos que veinte primaveras. Desde Beatburguer no quisimos perdernos tamaño aniversario y acudimos a la cita que ya es tradición para un millar de devotos y que este año dividía su propuesta musical entre tres escenarios principales y varios side quests de lo más interesantes.

Viernes 1 de mayo

En la tarde del viernes nos plantamos en el Teatro de La LABoral para disfrutar de los conciertos allí programados. Abría la sesión Abul Mogard, uno de los dos “daddys” estipulados para la primera jornada que con su drone-ambient “ciego” intentaba subyugar y reconfigurar las moléculas auditivas de los asistentes. El set del artista italiano tiene una deriva hauntológica y espectral propia de la escuela de Basinsky y aunque de su presentación sobria y algo minimalista se destila un estilo algo más conservador, sus profundas ondas sonoras contribuyeron, sobre todo en las primeras filas, a alterar la disposición anímica desde un ejercicio poco melódico e inmersivo. Un acierto que abriera el escenario a pesar de sus posibilidades narcóticas. Continuó la muestra en el teatro Corin, australiana de origen filipino que con su nuevo show interpelaba de forma directa y peculiar sus raíces. Con un set híbrido, Corin Ileto realizó un set de imaginería vulcaniana y acuática llevado por las cadencias de unos gongs kulintang, con los que se movía entre la rítmica y la armonía. Mitología y futurismo, unidos en un show con el que ir caldeando un ambiente más animado, aunque todavía desde los asientos del auditorio.

La llegada del segundo “daddy” de la jornada se produjo tras el primer descanso largo, con un Alva Noto continuista en su muestra de los HYBR:ID, un set en el que tamiza digitalmente el sonido IDM y electro de los 90 hasta llevarlo a cotas experimentales contemporáneas. Una vez más, su set comenzó en un tono más pausado y air-brain-fryer que progresivamente evolucionó hacia una electrónica más bailable y que puso a parte del auditorio en pie. Su música en directo posee una mezcla más clara de la negociación entre la máquina y el humano, en la que el artista está presente, aunque no por ello parezca más caótico. La intersección entre el sonido y los visuales en los directos de Carsten Nicolai sigue siendo una de sus grandes y controladas bazas; un espacio para la recreación sintética y material. Pero la occidentalizada visión de Nicolai apenas pareció una sugerencia de lo que seguidamente trajo Ryoichi Kurokawa.

Ryoichi Kurokawa. Foto: Elena de la Punete

El sonido y sobre todo los silencios con los que el artista japonés electrizó a los asistentes fueron uno de los platos fuertes del festival, con un directo en el que los visuales mapeaban una geografía orgánica y desquiciada con el hambre totalizadora y positivista de un proyecto geológico. Su show nD proponía un viaje a dos pantallas con sonidos que se entremezclaban entre la imaginería científica y la sinestesia y que en ámbito musical, inspiraban un trance cognitivo basado en una distorsión molecular del sonido y unos vaivenes rítmicos impredecibles y abrasivos. Uno de los sets más intachables que se hayan visto en el festival.

El viernes lo cerró la primera de las dos propuestas de Taiwán, Meuko! Meuko! en compañía de Hsiangfu Chen, que estuvo a cargo de los visuales. El set sirvió como finalización de la jornada al borde del colapso cognitivo, con un espectáculo de una puesta en escena impecable (Meuko Meuko sobre la mesa, la estética entre mitología y videojuego de los visuales) que desbordaba en insistencia y exigencia a las mentes más exhaustas del patio de butacas. Una manera ideal aunque algo excesiva de terminar, con un viaje vertiginoso y basado en unos insistentes bombos y ruidismo sin parangón.

Sábado 2 de mayo

Jlin. Foto: Julián Ruíz

El segundo gran día del L.E.V. estaba dividido entre tres espacios musicales: el Muséu del Pueblu d’Asturies, el propio teatro de la LABoral y la Nave. Para sumarle más actividades a un día vertiginoso, también visitamos varias instalaciones entre las que destacamos πTon, del dúo Cod.Act. La performance, activada en el Teatro Jovellanos, recordaba sonoramente a algún proceso del intestino grueso de Arthur Rusell y planteaba grandes dudas sobre su propio funcionamiento interno. Con cuatro dispositivos sonoros, los encargados de la pieza trataban de “contener” a la entidad de aspecto intersticial que con su considerable tamaño parecía querer lanzarse sobre los espectadores.

Bajo la carpa del museo, pudimos disfrutar de varios sets mañaneros menos hiperestimulantes que en la noche, gracias a la ausencia de pantallas y la posibilidad del baile. Destacaron particularmente el del percusionista estadounidense NAH y el de la exploradora sonora Jlin. El primero realizó un set que resultó una infusión energética para el público, que se unió por primera vez en el festival en un baile colectivo desenfadado, alocado y cómplice bajo los salvajes ritmos y las desconcertantes transiciones del artista que ya ha producido a otros destacados como Moor Mother o Cities Aviv. De Jlin cabía esperar uno de los mejores sets del día y del festival y la de Indiana cumplió con las expectativas. Aprovechando la energía sudorada de su predecesor, Jerrilynn Patton dió un concierto basado en el footwork y el dubstep, pero no quedándose ahí, sino ofreciendo visos de jungle, melodías tranceras… Y una energía y una conexión derrochadoras con el público. Como una ofrenda tribal, la intensidad de su show antecedió a una intensa lluvia que marcó el set final de la mañana, del desdoblamiento esquizo entre Tensal y Komatssu.

Tacit Group. Foto: Elena de la Puente

En la tarde volvimos a la contención de las butacas de la mano de algunas de las propuestas más experimentales del cartel, entre las que brillaron las del dúo formado por Myriam Bleau y Pierce Warnecke y los juegos de IA del coreano Tacit Group. En el primer caso la premisa fue clara: crítica a la sociedad digital, los medios de masas y de control de las mismas con sentido del humor, falta de escrúpulos y un mensaje repetido con contundencia al final: los consumidores somos el verdadero producto. En uno de los sets “menos musicales” del festival, Myriam y Pierce actualizaron parte del discurso de artistas como Holly Herndon con un despliegue de ironía y nuevas tecnologías brillante. De un modo similar, aunque profundamente autorreferencial y adaptado para el L.E.V., Tacit Group mostró al público tres interfaces distintas de IA con las que colaboraba e interactuaba para crear proyectos de música. El set, de sonidos ambient, drone, pero también techno y synth, resultó uno de los más desconcertantes e interesantes del día, tan próximo al concierto como al laboratorio creativo; una forma completamente inusual de finalizar la parte de escucha atenta del festival.

Uziq. Foto: Elena de la Puente

Para cerrar la noche nos dirigimos a la imponente Nave, también dentro de la Laboral (recorrido tan inusual como el último concierto). Allí se pudo disfrutar de cuatro sets más dirigidos a la pista de baile, con unos Nova Materia haciendo crecer la intensidad fisiológica a base de postpunk y una Catnapp en línea con la generación Z, entre unos Crystal Castles junglistícos y unos Purity Ring raverianos. La guinda de la noche fueron, sin duda, los artistas británicos; Uziq y NikNak.

El productor de Wimbledon no tardó mucho en colocarse la medalla de poeta maldito de la generación del IDM de los 90, al que debemos cualquier comprensión del acercamiento nihilista y humorístico a la cultura rave de dicha época. Con un set de breakbeat y jungle cargado de melodías dulces y suaves, Mike Paradinas nos recordó que su propuesta es puramente psicodélica, entre el glitch y el brainrot, mucho antes de que ambas palabras fuesen comidilla de la música electrónica. NikNak fue quién coronó la noche con otro set emotivo, en el que ritmos contundentes de bass y jungle se mezclaban con un scratching extraordinario y progresiones memorables.

NiNak. Foto: Elena de la Puente

Una forma excelsa de cerrar la última noche, con la que además la propia organización del L.E.V. nos recordaba que es posible programar un festival sin solapamientos y con unos horarios perfectamente comisariados. Feliz aniversario.