
Veintiún años después de «Based On A True Story«, Fat Freddy’s Drop vuelve a España con una gira que recupera las canciones de aquel primer álbum sin plantear su directo como una reconstrucción del pasado.
Veintiún años después de Based On A True Story, Fat Freddy’s Drop sigue ocupando un espacio muy particular: son una banda profundamente arraigada en la cultura dub, la improvisación en directo y la filosofía de los sound systems, pero que nunca ha quedado completamente encajada en una escena o género concreto.
Hoy, con la banda preparándose para volver a Madrid (24 de septiembre -SOLDOUT-) y Barcelona (26 -SOLDOUT- y 27 -entradas disponibles aquí-) con la gira Celebration Of The 21st Anniversary Of Based On A True Story, queríamos recuperar no solo el legado del disco, sino también las ideas, tensiones y principios que han mantenido creativamente vivo a Fat Freddy’s Drop durante más de dos décadas, y cómo esa música sigue evolucionando cuando vuelve hoy a los escenarios.
Based On A True Story, el álbum, ya no es simplemente un disco de éxito, sino que se ha convertido en parte de la memoria emocional de toda una generación de oyentes. Cuando volvéis a él hoy, ¿reconocéis a la banda que erais entonces o lo sentís más como un documento de una escena, un lugar y un momento cultural concreto que ya no puede existir de la misma manera?
La cuestión con cualquier grabación, ya sea en directo o en estudio, es que simplemente captura a un artista o una banda en un momento concreto. Es un registro tanto de aquello por lo que estás luchando o que estás buscando como de aquello de lo que vienes, así que no, realmente no puede repetirse… pero sí puede apreciarse y redescubrirse por lo que es. BOATS es un reflejo honesto de lo que era la banda en aquel momento. FFD estaba descubriendo la composición de canciones y las posibilidades del estudio, y aquel proyecto abrió una caja de Pandora llena de ideas y experimentos en los que hemos seguido profundizando desde entonces.
Ya no somos las personas que éramos entonces, han pasado muchísimas cosas. Pero la intención sigue siendo la misma: hacer música que nos mueva y nos interese como grupo, y que tenga la calidad suficiente para conectar con nuestro público.
Fat Freddy’s Drop surgió de la escena underground de Wellington, en una época en la que la cultura de club, la improvisación en directo, la lógica de los sound systems dub y la formación jazzística de los músicos todavía podían confluir de forma natural, al margen de algoritmos y expectativas comerciales. ¿Hasta qué punto fue importante ese entorno para dar forma a la identidad de la banda? ¿Creéis que un proyecto como Fat Freddy’s Drop podría surgir hoy de la misma manera?
Aquella escena de principios de los 90 en Wellington era realmente increíble. Hay que recordar que en la ciudad viven solo unas 400.000 personas, pero parecía que había oportunidades por todas partes: tocar en directo, ver a bandas y DJs de gira, organizar fiestas, etc., y desarrollar nuestra propia manera de hacer las cosas. Diría que hacer música quizá sea más fácil ahora; existe una cantidad increíble de capacidad creativa gracias a una tecnología relativamente barata y fácilmente accesible, pero tocar en directo, que fue lo que llevó a esta banda a convertirse en una unidad creativa realmente productiva y cohesionada, está mucho más limitado ahora. La verdad es que es una situación triste.
Uno de los aspectos más llamativos de Based On A True Story es la paciencia de su música. Los temas se desarrollan lentamente, sin buscar una gratificación inmediata, pero nunca pierden tensión, y esa sensación de control a través de la contención parece cada vez menos habitual. ¿Ese ritmo ya respondía entonces a una filosofía artística consciente o era simplemente el resultado natural de la manera en que la banda tocaba junta en directo?
Eso está directamente relacionado tanto con nuestra forma de actuar en directo como con la música que escuchábamos y que ha influido en nuestra manera de hacer las cosas, concretamente el dub, el soul y el techno. Si vas a tocar durante dos horas y media y solo tienes siete canciones, más te vale saber cómo desarrollarlas. Esos estilos se apoyan mucho en los arreglos y en el «vibe».
Muchas bandas que mezclan diferentes estilos y tienen un fuerte componente de directo terminan volviéndose más rígidas con el tiempo: arreglos más cerrados, estructuras fijas, actuaciones más seguras. Fat Freddy’s Drop ha resistido en gran medida esa evolución y, incluso a vuestra mayor escala, la música sigue sonando viva, inestable y capaz de desviarse hacia lugares inesperados. ¿Ha sido necesario resistirse de forma deliberada a las presiones asociadas a las giras y al crecimiento de la banda para conservar esa apertura?
Definitivamente utilizamos una mezcla de enfoques en nuestras actuaciones. De hecho, es bastante placentero meterse de lleno en canciones con arreglos concretos, pero siempre lo equilibramos con la posibilidad de desviarnos del camino y seguir una nueva dirección que la música, el público y la banda descubren colectivamente en una noche determinada.
A medida que hemos escrito y grabado más material a lo largo de los años, nuestras habilidades como compositores han mejorado, lo que significa que hay más estructura; pero también lo han hecho nuestras capacidades de improvisación, así que las cosas pueden cambiar sutilmente dentro de esos arreglos.

Siempre ha existido una relación muy física entre Fat Freddy’s Drop y la presencia del sonido del bajo y las bajas frecuencias, no solo desde el punto de vista musical, sino también emocional. Vuestros discos y conciertos funcionan a menudo más como experiencias de sound system que como actuaciones convencionales de una banda. ¿Hasta qué punto ha sido central la cultura dub a la hora de definir vuestra manera de entender el espacio, el ritmo y la energía colectiva?
La verdad es que la propia concepción de la banda siempre fue la de un «soundsystem», con DJ Mu lanzando los ritmos y un gran conjunto construyendo capas sobre ellos. Mu era un gran DJ, técnico y mezclador, y era de categoría mundial detrás de la mesa. El dub lo era, y lo sigue siendo, prácticamente todo para nosotros.
Cuando Gilles Peterson empezó a apoyar Based On A True Story a través de su programa de BBC Radio Worldwide, la banda encontró de repente una audiencia importante mucho más allá de Nueva Zelanda. Desde vuestra perspectiva, ¿qué fue lo que conectó inmediatamente a los oyentes europeos con Fat Freddy’s Drop?
Supongo que en aquel momento resultaba bastante fresco: una mezcla de muchos estilos diferentes presentada de una manera única en directo. Además, Dallas tiene una voz increíble, realmente preciosa. Eso ayuda, sin duda.
Vuestro catálogo siempre ha evitado las definiciones de género demasiado precisas. Dub, soul, reggae, jazz, broken beat, música electrónica e incluso lo que algunos llamaron posteriormente organic techno: todas esas etiquetas pueden aplicarse en parte, pero ninguna termina de definiros por completo. ¿Esa negativa a estableceros en un único lenguaje surgió de forma natural o también fue una reacción frente a la tendencia de la industria musical a empaquetar a los artistas dentro de identidades fijas?
En Nueva Zelanda es muy habitual que los músicos toquen en varios grupos, todos con estilos musicales diferentes. Estamos acostumbrados a tocar una noche un concierto de jazz tradicional, la siguiente funk o reggae y después quizá improvisar con un DJ de house durante el fin de semana. La escena es saludable, pero pequeña, así que tienes que ser flexible y adaptable para sobrevivir. Fusionar todos estos estilos surgió de forma natural.
Al escuchar vuestro catálogo, desde Based On A True Story hasta Blackbird o SLO MO, se percibe un compromiso claro con la dinámica y el espacio, y la música rara vez parece sobrecargada. En una época en la que la producción suele priorizar la densidad y la estimulación constante, ¿creéis que la música contemporánea tiene demasiado miedo al silencio y al desarrollo gradual?
Hoy en día, todo en nuestra sociedad gira en torno a obtener una recompensa rápida, ¿no? Ponte en forma, hazte rico, hazte famoso, y hazlo rápido. Y eso también ha impregnado las actividades artísticas. Todas esas imágenes que ves de gente apiñada alrededor de un DJ con los teléfonos apuntando hacia el escenario en lugar de bailar entre ellos te dicen todo lo que necesitas saber: la gente está condicionada para querer un impacto inmediato en lugar de disfrutar de un viaje lento.

La banda siempre ha parecido vinculada a una forma de entender la música anterior al streaming: escuchar durante largos periodos, vivir experiencias inmersivas en directo, discos que se revelan poco a poco con el paso del tiempo. ¿La aceleración del consumo musical ha cambiado vuestra manera de pensar en la composición y en los álbumes, o intentáis protegeros conscientemente de esos ritmos externos?
Bueno, somos viejos… o al menos mayores. Siempre hemos hecho lo nuestro. Si funciona con un público concreto o con un determinado canal de distribución, perfecto. Pero no nos sentamos en el estudio pensando: «Oye, será mejor que quitemos los últimos tres minutos de este tema si queremos que lo pongan en la radio». Las pocas veces que hemos hecho ediciones para formatos concretos, generalmente nos hemos sentido bastante decepcionados con el resultado, y tampoco nos ha ayudado realmente a conseguir más difusión.
Esta gira también tiene un peso emocional muy diferente, ya que será la primera gran gira de la banda sin Christopher «Mu» Faiumu. Más allá de su papel como productor, muchas personas lo describían como el pulso y el centro espiritual del grupo. ¿Cómo ha cambiado su ausencia la química interna de Fat Freddy’s Drop durante esta nueva etapa?
Pensamos, hablamos, lloramos y nos reímos de Mu todos los días. Parece que fue ayer cuando recibimos la terrible noticia, pero de repente ha pasado casi un año desde su muerte. Formará parte de nuestras vidas para siempre; y seguiremos aprendiendo de él hasta que dejemos de tocar. Evidentemente, hemos incorporado nuevos músicos al grupo para interpretar esta música en directo: Cory Champion a la batería y Johnny Lawrence al bajo. Ambos son increíbles por derecho propio y, de hecho, fue Mu quien los eligió personalmente para grabar con nosotros antes de morir, así que cuentan con la aprobación del «Big Man». El resto hemos dado un paso adelante para asumir nuestra parte de la carga: volver a los escenarios y actuar de nuevo ha sido una parte esencial de nuestra «recuperación».
España se ha convertido en uno de los lugares donde el lenguaje de Fat Freddy’s Drop en directo parece conectar con especial fuerza, con públicos especialmente receptivos a la intensidad que se construye lentamente y a la fisicidad del groove. Ahora que volvéis a Madrid y Barcelona para celebrar Based On A True Story, ¿sentís esta gira más como una celebración, un homenaje o una forma de reencontraros con el espíritu original del disco a través del propio público?
Sí rendimos homenaje a la música, al recorrido de la banda y a Mu… pero no queremos ser simplemente una «banda tributo». Somos un grupo de músicos lleno de energía, activo y comprometido artísticamente, que está explorando y celebrando un conjunto de obras. De esa manera estamos conectados con el espíritu con el que BOATS se tocó y grabó originalmente.
Las giras de aniversario pueden sentirse a veces como ejercicios puramente retrospectivos, casi de archivo, pero Fat Freddy’s Drop siempre ha sido una banda construida alrededor del movimiento, la transformación y la reinterpretación. Después de más de dos décadas, y con esta nueva etapa en marcha, ¿qué creéis que ha conseguido conservar la banda que muchas formaciones con una trayectoria tan larga terminan perdiendo?
Ese carácter de archivo es inevitable, hasta cierto punto, en este tipo de giras. No estoy seguro de que afirmemos estar haciendo algo diferente a los demás, pero sí sé que todavía nos encanta tocar juntos. Y nos encanta explorar la música y las canciones. Sigue siendo emocionante interpretar este material, aunque las canciones tengan más de 20 años.





