
Jason Dungan (Blue Lake) y Johan Carøe hallan belleza en los ritmos y repeticiones de la vida cotidiana en su álbum colaborativo «Routine».
Los multiinstrumentalistas Jason Dungan y Johan Carøe, afincados en Copenhague, no se propusieron crear un álbum en un principio. Más bien, tal como sugiere el título Routine (Rutina), llegaron a él a través de un proceso de creación y escucha habituales, desarrollando un lenguaje musical intuitivo para reflejar los divagares oníricos y el juego creativo propios de los momentos de calma de la vida. Routine fusiona sonidos de corte pop, minimalismo vanguardista, folk y new age con la profundidad emocional característica de las bandas sonoras cinematográficas.
Su encuentro no fue del todo casual. Jason Dungan, quien anteriormente formó parte de grupos como Squares and Triangles, ha grabado diversos álbumes bajo el nombre artístico de Blue Lake —incluido el aclamado Sun Arcs—, dando rienda suelta a su pasión por la percusión y los instrumentos de múltiples cuerdas de fabricación propia. Por su parte, Johan Carøe es un compositor cuya labor en bandas sonoras le ha llevado a colaborar con artistas como Angelo Badalamenti, Arp y Sofie Birch; fue precisamente en la residencia Andersabo de esta última (comisariada por Dungan) donde ambos se conocieron, dando lugar al muy elogiado álbum Repair Techniques, compuesto por Birch y Carøe.

Routine surgió de manera orgánica a lo largo de muchos años, en un contexto de grandes cambios personales. Mientras Carøe se despedía de su padre y daba la bienvenida a su primer hijo, ambos intercambiaban fragmentos de melodías y patrones, elaborando respuestas cuando el tiempo lo permitía para crear una paleta sonora que combinaba instrumentos acústicos —como la cítara, el clarinete, el violonchelo y el saxofón, entre otros— con texturas de cinta magnética, caja de ritmos y el sintetizador Yamaha DX7. Inspirados por la vulnerabilidad y la filosofía «hazlo tú mismo» (DIY) de las grabaciones caseras de Arthur Russell, por la visión de sellos como Disques du Crépuscule y por el art pop y la experimentación propios de las grabaciones de finales de los 70 y principios de los 80 —tanto de Nueva York como de Japón—, Dungan y Carøe dieron forma a nuevas expresiones de sus influencias folk, leftfield pop y vanguardistas desde la penumbra de salas de estar en Copenhague y la Suecia rural. «Me interesa mucho cómo la música y el arte surgen de nuestras experiencias más amplias como personas, trabajadores y padres, así como de esa actividad de ensueño que supone crear música», explica Dungan sobre un proceso que permitió que los estilos individuales del dúo se distanciaran y se fusionaran con total fluidez. «Creo que el proceso consistió, sin duda, en capturar momentos en el tiempo, pero a lo largo de un periodo prolongado», añade Carøe. «Fue algo parecido a la improvisación, pero con el tiempo dilatado».
La música flota con gracia y humildad, mostrándose sofisticada a la vez que profundamente introspectiva.
Ya sea en «Clouds» —donde suaves capas de cítara y clarinete avanzan impulsadas por un riff de bajo ligero como una pluma y el hipnótico repiqueteo de una groovebox primitiva— o en la serena majestuosidad del violonchelo que sube y baja a lo largo de «Routine 1», el álbum se despliega a través de diez temas instrumentales, evocando esa calma inefable que desciende cuando cambia la luz y el mundo se repliega sobre sí mismo. El paso del tiempo se convirtió en un ingrediente creativo clave en la evolución del álbum, enriquecido por el estimulante desafío de transformar sus sucesivas grabaciones caseras mediante un diálogo musical que se desarrollaba sin prisas. Jason encontraba momentos creativos al caer la tarde para grabar la cítara, la melódica y la guitarra acústica, por citar solo algunos instrumentos, mientras que Johan —valiéndose de una conexión de línea y auriculares— manipulaba, alargaba y alteraba el tono de las líneas melódicas de Jason durante los recién estrenados ratos de siesta.

Carøe puntea y desliza rítmicamente las cuerdas del violonchelo, sentando unas bases palpables en temas como «Hymn» y «Chords» mediante un enfoque estilístico y procesado que recuerda a Mabe Fratti, mientras que «Silence» concluye con un matiz góspel. En «Reunion», los floreos de cítara de Dungan —que evocan el movimiento del arpa— revelan matices más clásicos inspirados en Nico Muhly (del colectivo Bedroom Community); el sonido crece con la combinación de órganos y sintetizadores Moog, culminando en un clímax coral final a cargo de su amiga, la mezzosoprano Anna Caroline Olesen.
Routine marca así el inicio de su colaboración: un álbum de profunda y sincera reflexión, con una atmósfera acogedora que transmite una autenticidad pausada. Es el testimonio de una amistad recién nacida que abre una ventana a los espacios más íntimos, donde la práctica cotidiana de la música y la vida conviven en perfecta y maravillosa armonía.




