Adriana Lopez en La Casa Encendida: Del Club a la Silla de Pensar

Como parte del proyecto mastodóntico de investigación “YOU GOT TO GET IN TO GET OUT. El continuo sonoro que nunca acaba”, además de una exposición, de una serie de podcasts, de performances e incluso de un libro de ensayos, La Casa Encendida está ofreciendo una serie de conciertos. En dicho proyecto de investigación, comisariado por Carolina Jiménez y Sonia Fernández-Pan, se especula en torno a la historia del techno, tratando de evitar las narrativas más estandarizadas y técnicas; optando por una “dimensión estética y sensorial” en detrimento de la clásica reducción documental.

La premisa en el caso de los conciertos es clara: separar la música electrónica de la pista de baile y ver qué pasa. Asimismo, esa es una de las bases de la propia exposición: resignificar los fenómenos que tienden hacia la normalización el blanqueamiento, o lo retiniano en la cultura de club. Para ello, este pasado viernes 19, tuvimos en Madrid a Adriana Lopez. La DJ colombiana, que trabaja generalmente desde su sello Grey Report, ha pinchado en casi todos los obligatorios: Berghain, Tresor, Concrete, el DGTL de Barcelona… Sus lanzamientos habituales, marciales y duros, hacían presagiar una complicada reconciliación con el espacio; pero sólo excepcionalmente fue así. La sesión comenzó de forma intrigante y con un sonido casi háptico. Sí. Al estar programado en el auditorio, el concierto y las sonoridades propuestas por Lopez no podían entrar de igual manera en relación con lo corporal. Y es que cuando uno escucha unos timbres, aunque sea medianamente desordenados, de manera instintiva intenta responder a ellos. De ese modo surge la danza; como una especie de liberación, respuesta o correlación con las vibraciones que llegan al cuerpo del oyente. Sin embargo, si estamos sentados como lo estábamos el otro día, la respuesta inicial se ve obstruida.

Por ello, los primeros quince o veinte minutos estuvieron marcados por unas pulsaciones más lentas e incluso con breaks repletos de texturas y timbres sinuosos. Casi como una Amazondotcom con más sentido de la continuidad. Sólo después de ligar su música a las butacas, comenzó Adriana Lopez la parte más intensa y rítmica de la noche. A partir de entonces, y con un constante crescendo hacia una idea de formalidad, pudimos percibir aquello que decía Susanne Langer (cita que también aparece en el libro de la exposición) de que “la música hace que el tiempo sea audible”. En lo que siguió, momento inmemorial, la propuesta de Lopez se pareció cada vez más al techno, pero continuó sin acercarse a cosas a las que ella nos tiene tan habituados. Las sorprendentes texturas y las exóticas resonancias iban sucediéndose, mientras la de Bogotá lanzaba hi hats como el Salt Bae o distorsiones profundas y orgánicas.

La sesión se dejó sentir como una exploración de esa continuidad. En los momentos finales incluso las percusiones se movían prácticamente patinando, a la manera de un trazado persistente y prolongado. Bajo esa fusión forma-contenido, el público pareció perderse un poco, o evidenció su urgencia por algo que la propuesta de “YOU GOT TO GET IN TO GET OUT” ha querido señalar con mucho acierto: la necesidad del reencuentro físico en tiempo de pandemia. Es comprensible que para algunos cuerpos la condición sedentaria de las butacas fuese una mediación más, una alienación en lugar de un nuevo modo de sentir. Pero es que, como dice en cierto comentario Sonia Fernández-Pan, en su exposición “faltan los cuerpos”, o al menos estos faltan en su representación convencional.

Lo que parecía poder demostrar la sesión de Adriana Lopez es aquello que está en el origen mismo de la cultura de baile y que siempre ha querido separarse (a través del etiquetaje como IDM, de la noción de pureza en los géneros): que la abstracción de la música permite la pluralidad de su disfrute; que se puede gozar desde diversas perspectivas sin, devotamente; adscribirse a un ritual concreto e inamovible. En esta propuesta de La Casa Encendida nos pudimos sentir un tanto también como el rave voyeur de Lorenzo Senni. No es que quisiésemos bailar –que evidentemente sí- es que la sesión nos pidió conectar nuevamente, de manera renovada. Volver nuestros sentidos hacia la realidad con una sensibilidad alterada y apreciar, desde la distancia que teníamos (y que tenemos por razones sanitarias) lo que queda después del “secuestro” de las pistas de baile: la inagotable energía de la música. Este mismo viernes 26 le tocará a Laura BCR. Mismo lugar misma hora. Veremos cómo funciona entonces la perturbación sensible.