Bad Gyal odia a tu jefe y no quiere a la gentrificación

No más work work work work work. Cómo la reina del Raval se mantiene fiel a sus ideales y empieza a ser una figura visible del activismo barcelonés.

¿Te da por saco trabajar? Alba Bad Gyal Farelo no solo comparte tu opinión, sino que es la reina del abajo el trabajo, y deberíamos estar dando gracias porque existan ella y sus uñas incapacitantes.

Me flipa Bad Gyal, y yo soy una persona que tiene en su top 5 de bandas a Napalm Death. ¿Qué se me ha perdido a mí viendo videoclips llamados Zorra con mujeres en bikini fumando porros y haciendo caballitos con la moto? No me da ninguna vergüenza reconocer que se me enganchan sus temas aunque lo más parecido a música jamaicana que yo domine sean cosas viejas de Sean Paul. Tranquilos: dejaré el análisis musical de lo urban en profundidad a las que realmente saben de este estilo, y me centraré en por qué Alba me representa como tía currante que odia currar.

La primera vez que la oí fue en la radio catalana hará unos tres años. Dejó clarísimo, desde el primer momento, quién era y de quién era hija (ya lo sabéis todos, pero su padre es el actor Eduard Farelo, conocido por sus papeles en varias series de TV3), y nos contó su pasión por la música dancehall. Ni más ni menos. En esa época grababa sus temas en casa con un micro que su novio le había metido dentro de una caja de zapatos para conseguir mejor sonido. Aún trabajaba y hacía nada de la publicación de la mixtape Slow Wine. Uno de los temas incluídos en ella era Indapanden, su letra más clara y clásicamente feminista (y los cimientos de sus convicciones y valores). En su voz se notaba el orgullo de currárselo con esfuerzo y sacrificio, y un poco también la necesidad de justificarse delante de la audiencia por hacer lo que hacía siendo quien era.

Desde entonces, su carrera la ha llevado a usar un tono muy alejado de aquel. Hoy ya no habla más del trabajar sino que lleva uñas de gel gigantescas que le impedirían estar en el sector servicios y cobrar una miseria. Ha podido ir a Jamaica a vivir el dancehall en primera persona patrocinada por Nike, y colaborado con artistas jamaicanos como Govana o Busy Signal. Videos impresionantes de Canada le promocionan los temas y el año pasado fichó al fin por la multinacional Interscope, algo a lo que se llevaba mucho tiempo resistiendo para no comprometer su libertad artística. Su último hit, Zorra, es una maravilla de sororidad feminista en la que un grupo de mujeres se entera la infidelidad de su amante al hablar entre ellas. En el video se vengan de él, la zorra, en un aquelarre de cinta americana y látex celebrado en un párquing. Después de arrancarle unos cuantos dientes se van todas juntas a un karaoke y a comer fideos. Reinas, guapas, faraonas.

Hoy en día nos parece normal someter al tercer grado sobretodo a mujeres artistas para descubrir su pureza ideológica, como en la rueda de prensa del Primavera de 2018 junto a Yung Beef y a C Tangana. Allí los tres tuvieron que pasar la prueba del algodón antes de ser admitidos realmente en el Olimpo del indie. Periodistas les preguntaban «¿Qué es el feminsimo? ¿Qué os parece nosequé cerdada de Izal?» (¿¿IZAL?? Menudo poema la cara de Yvng Beef). Todo eso para acallar las críticas de sexismo y a la coletilla eterna de «el reggeatón es machista» saliendo de la boca de gente que jamás se preocupó de si sus ídolos de los 90 se habían deconstruido la masculinidad tóxica en lo más mínimo. Tanto Alba y Fernando, como en menor medida Tangana, respondieron sin dudar un momento con argumentos válidos y que dejaban claro que tienen una opinión clara sobre esos temas que no tiene nada que envidiar a la de otros artistas pertenecientes a una escena diferente y menos criticada.

También nos parece normal que los señores de las Juventudes Comunistas se dediquen a hacer un background check de si Bad Gyal y la familia Farelo viven bien o mal según sus estándares de señores del PCE. A lo mejor se tiene una idea muy desorbitada de lo que supone ser el actor de doblaje de Gollum en cuanto a los royalties se refiere, o de cuántos euros al mes te caen por derechos de imagen de los culebrones de Benet i Jornet que filmaste hace veinte años largos. Bad Gyal no canta sobre vivir del menudeo ni pretende tener esa persona escénica, aunque, por razones personales que ni se me ocurriría preguntarle, haya trabajado en panaderías y call centers desde los dieciséis (diría desde joven pero ella aún es insultantemente joven) quizá, seguramente, habiendo doblado el lomo tanto o más que muchos comumachos. Si en su tema Dinero ya hablaba de salir de fiesta y a las siete tirar para el trabajo sería por algo, porque, desde luego, y esto lo sabemos todas las que nos levantamos bien pronto para trabajar, no hay nada cool ni glamouroso en madrugar. El trabajo no dignifica.

¿Está Bad Gyal todo el día hablando de no sé qué señores mineros idealizados oliendo a carbón que comen bocatas de mortadela? No, ni falta que le hace. Sus letras van de su vida diaria, el baile, las fiestas, los porros y su empoderamiento. Sus letras son festivas pero también consecuentes con los valores de sus inicios. Y no solo Alba no ha perdido sus valores sino que ahora usa las redes sociales para articular su discurso para, por ejemplo, dejar claro que está en contra de la privatización del agua en sus stories de Instagram. ¿No te parece suficiente aún? Pues déjame que te diga que el pasado julio participó en las protestas del Sindicat de Llogaters para evitar el desahucio del bloque Hospital 99, en el Raval, junto a las Tribade y Santa Salut (dos que sí parecen pasar los exámenes de conciencia de los grupos más afines a la vanguardia).

No se necesita más por su parte para dejarme claro que, aunque mi padre no fuera actor, Alba ha aborrecido la cultura del esfuerzo tanto como yo, que también empecé bien joven a trabajar. Lejos queda ya la entrevista en la que repetía que ella se lo había pagado y currado todo sola. Ahora tiene el dinero y los bolos, y las uñas más lindas e incómodas con las que no servir a nadie que no sea a ella misma y su totito. Si en la entrevista a tres bandas Antón Crema Tangana insistía en venderse lo más rápido al mejor precio posible y Fernando se autodenominaba el underground para siempre ella lo tenía claro: quería salir de España y prosperar, pero no por eso fichar por la primera multinacional que pasara y le intentara camelar. Parece que no solo ha conseguido conservar su integridad sino que, además, está usando su capital social para empezar una especie de proto activismo. Sería realmente bello que esta evolución siguiera este curso y acabara, no sé, tocando con los Napalm Death y cantando con Barney el «Nazi Punks Fuck Off». Cosas más raras se han visto en el Primavera.