DESGLOSANDO EL ITALO MAS CÓSMICO Y VANGUARDISTA

Alguien dijo algo así como que el Italo era una película de serie B de la música disco, y puede que no le faltara razón. Que sí, que la mayoría de temas han envejecido peor que el puto Travolta ya lo sabemos. Que la estética ochentera de Italianos engominados y cantando sus ñoñadas de amor da bastante grima, también.

Pero todos esos clichés no van con nosotros, lectores de Beatburguer, nosotros somos eruditos del baile, vamos más allá y sabemos perfectamente que el Italo es lo más grande que nuestros vecinos espagueti nos han dado, superando incluso a los cinturones de Armani.

Sabemos perfectamente que toda esa mierda de Chicago y Detroit está muy vista. Que mucho antes de que los negros de Chicago decidieran reinventarlo todo ya estaba Giorgio, el puto ​Giovanni Giorgio Moroder dando lecciones de cómo animar el cotarro musical dándole al personal lo único que quería, poner sintetizadores y cajas de ritmos en la música pop, tan fácil como eso.

Giorgio buscando la inspiración

Pues sí señores, todos los secuaces de Giorgio, ​italianinis blanquitos que se paseaban en Vespa por Verona, Génova, Bolonia y todas esas urbes del acomodado norte del país transalpino, fueron igual de importantes para la música que Frankie Knucles o los Belleville Three del hostil Detroit.

Sino, preguntad a Daft Punk por ésta puta joya del difunto Salvatore Cusato, que en 1983 decidió sacarse de la manga esta delicia de tonos menores que es posiblemente la carta de amor más bonita que jamás un humano a escrito a una máquina y que además, si te queda algo de alma y estilo en ese cuerpo triste, no podrás parar de bailar.

Casco – Cybernetic Love (House of Music Records, Roma, 1983)


Madre mía, vaya locura, chiquita línea de bajo eh. Quizá Drexciya y toda la tropa de Underground
Resitance se influenciaron un poco en esto, ¿no?.

»En fin, que estos tipos eran unos avanzados a su tiempo no es que lo diga yo, solo hay que escuchar su música. Otro ejemplo es Spacer Woman de los signori Giorgio Stefani y Maurice Cavalieri. Otra declaración de amor al futurismo armada de vocoders y claps que te explotan en la cara.»

Charlie – Spacer Woman (Mr Disco Corporation, Roma, 1983)


Al igual que con tantos discos de esta época, es casi imposible descifrar la historia de fondo del disco, los tipos sacaron ésto y a otra cosa.

Los italianos ponían el arte, la vanguardia, la creatividad y todo eso. Pero como siempre fueron otros quienes sacaron tajada del asunto. Los ingleses pasaron del tema. En Francia tuvo cierto éxito. Pero fueron los alemanes los que se dieron cuenta del potencial comercial que tenían estos sonidos y comenzaron a publicar, reeditar, compilar y en resumen, empaquetar el Italo-Disco como género.

Y como ya sabéis, no hay nada que le guste más a un alemán que un buen truchón, así que empezaron a publicar bombas como este Stop-Watch. Una barbaridad de tema que en lo que dura un radio edit te puede dar la vuelta de cualquier set actual sin despeinarse 37 años más tarde, y ojo que eso en la electrónica es un mundo.

Hypnotic Samba – Stop Watch (ZYX Records, Merenberg, 1984)

De nada, este viaje a Júpiter te ha salido gratis, sin Popper ni nada 😀

Pero ojo que no vengo aquí a traeros sólo truchón, el Italo también nos dio joyas armónicas y aquí estamos para demostrarlo. No sé qué coño pasaba en Italia en el 83, pero allí se definió una forma tanto vocal como instrumental de hacer música que ejemplifican perfectamente la sensación agridulce que el género produce en el oyente. Hypnotic Tango es el One-hit Wonder de los boloñeses My Mine.

My Mine – Hypnotic Tango (Progress Record, Bolonia, 1983)


¿Elegante? ¿Hortera? ¿Y si te digo que el cantante Stefano Micheli era un castrati?. La verdad es que no lo sé, pero en ningún sitio aparecen créditos de esos coros femeninos. Y ya te digo yo que hay que tener huevos para llegar a un rango vocal así.

Y ahora sí, aquí os dejo la obra maestra del género, uno de los temas más importantes de la historia de la electrónica, a la altura de Blue Monday, I Feel Love, Born Slippy, etc. Una auténtica orgía de sintetizadores cósmicos. El disco definitivo del Italo. El disco con el que presentar el género a quien piensa que el disco empieza y acaba con los jodidos Bee-Gees.

Mr. Flagio – Take a Chance (Squish Records, Génova, 1983)


Take a Chance es ágil, ácida y guarda tal relación con las sofocantes visiones galácticas del techno primerizo que no hablar del Italo como principal influencia de Detroit es de mal gusto.

Ese sintetizador diminuto con el que empieza hace todo lo posible por sonar más grande de lo que es. El reflejo de una era y un género preocupados por crear grandeza más allá de sus medios económicos y sonoros.


Y es que algunos temas existen como extraños seres alienígenas aislados, sus orígenes son tan misteriosos como las intenciones de sus creadores. Es algo que podría decirse de gran parte del Italo-disco, un género de experimentos peculiares y mensajes mal comunicados, una gran cantidad de música nacida de los intentos fortuitos de productores confundidos mientras intentaban crear algo completamente diferente.

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