
Tras su actuación en Holika Festival 2026, hablamos con Blasterjaxx sobre la evolución del proyecto, el cambio de la escena EDM, su proceso creativo y los retos de mantenerse fieles a un sonido propio.
Mantener una identidad reconocible en la electrónica de festivales durante más de una década no es sencillo: los estilos cambian, las tendencias pasan y el público evoluciona, pero Blasterjaxx ha conseguido mantenerse en primera línea sin perder el sonido que les dio a conocer. El dúo neerlandés irrumpió en pleno auge del big room con temas como Faith, Mystica, Rocket o Narco, convirtiéndose rápidamente en uno de los nombres habituales de sellos como Spinnin’, Revealed o Musical Freedom.
Hoy, más de diez años después, el contexto es muy distinto. El big room ya no ocupa el centro de la escena festivalera y otros estilos han ganado protagonismo. Sin embargo, lejos de perseguir cada nueva tendencia, Blasterjaxx asegura que su prioridad sigue siendo la misma: mantener una identidad propia. Así, tas su actuación en Holika Festival 2026, hablamos con Thom Jongkind e Idir Makhlaf sobre la evolución del proyecto, el cambio de la escena electrónica y la forma en la que siguen manteniendo vivo el sonido que los convirtió en uno de los nombres más reconocibles del EDM.
Mirando atrás a esos primeros años y a temas como Faith o Mystica, es fácil situarlos dentro de un momento muy concreto del big room. Pero, más allá del contexto de la época, ¿cómo los veis hoy dentro de vuestra evolución como proyecto?
Creemos que cada tema aporta algo diferente. Evidentemente, Faith y Mystica tienen un sonido big room muy reconocible, pero con cada lanzamiento aprendemos algo nuevo y experimentamos con ideas y sonidos distintos. Sin duda, esos temas desempeñaron un papel muy importante a la hora de dar forma a la música que hacemos hoy.
Ese crecimiento coincidió con una etapa en la que el EDM se expandió muy rápidamente a nivel global, impulsado por sellos como Spinnin’, Revealed o Musical Freedom. ¿Cómo vivisteis desde dentro ese proceso?
Todo ocurrió muy deprisa. Hicimos temas como Fifteen, Faith, Snake, Mystica o Rocket sin esperar demasiado, pero de repente todo despegó, nuestra vida cambió por completo y el nivel de exigencia aumentó tanto en el estudio como durante las giras. Antes de darnos cuenta estábamos viajando por todo el mundo, conociendo a nuestros seguidores y actuando en lugares que nunca habríamos imaginado. Incluso hoy sigue pareciéndonos algo surrealista y estamos muy agradecidos por todo lo que ha pasado.
Con el paso de los años, el big room ha dejado de ocupar el centro de la escena festivalera y otros sonidos, como el techno o el tech house, han ganado protagonismo. ¿Cómo habéis vivido ese cambio?
Creemos que la escena siempre va a seguir evolucionando: aparecerán nuevos sonidos y nuevos géneros, y eso es precisamente lo que mantiene viva y emocionante la música electrónica. Pero para nosotros lo más importante sigue siendo ser fieles a nuestro sonido.
Además, nuestra música también ha evolucionado, pero con cada tema nos hacemos siempre las mismas preguntas: «¿Sigue sonando a Blasterjaxx?» y «¿Les gustará a nuestros fans?». Si ambas respuestas son sí, sabemos que vamos por el buen camino. Al final, queremos seguir siendo auténticos y hacer la música que realmente nos gusta.

En ese recorrido también hay temas como Rocket, junto a W&W, o Narco, con Timmy Trumpet, que terminaron trascendiendo el circuito de clubes y festivales para sonar en estadios, eventos deportivos o incluso otros formatos audiovisuales. ¿Qué supone para vosotros ver una canción alcanzar ese nivel de difusión?
Todavía nos parece un poco surrealista, porque nunca hicimos esas canciones pensando que acabarían sonando en eventos tan grandes o incluso en películas. Nos hace sentir muy orgullosos y agradecidos ver que tanta gente conecta con ellas y quiere utilizarlas de formas tan distintas.
Habéis publicado en algunos de los sellos más importantes del EDM. ¿Cómo ha influido ese recorrido en vuestra manera de producir?
Ya sea colaborando con otros artistas o simplemente creciendo como productores con el paso de los años, cada etapa nos ha enseñado algo nuevo. Hemos aprendido a experimentar con sonidos diferentes, a desarrollar nuestro propio estilo y a seguir evolucionando sin perder aquello que hace que una canción suene a Blasterjaxx. Por eso, cada lanzamiento ha contribuido a construir el sonido que tenemos hoy.
En vuestra discografía también hay espacio para momentos más melódicos y enfoques algo distintos al big room más clásico. ¿Esa evolución ha sido una búsqueda consciente o algo que ha surgido de forma natural?
Diríamos que ha sido un proceso completamente natural, pues nunca nos propusimos cambiar radicalmente nuestra forma de producir. Lo que sí hemos notado es que las melodías son ahora más importantes que nunca, porque en un contexto como el actual —en el que hay tanta música descubriéndose a través de las redes sociales—. una melodía potente y fácil de recordar puede marcar la diferencia. Es lo primero que capta la atención de la gente y lo que hace que un tema permanezca en su memoria.
Después de tantos años en la escena, ¿qué es lo que menos ha cambiado en vuestra forma de trabajar?
A la hora de producir, la verdad es que no ha cambiado demasiado; seguimos experimentando con sonidos e ideas nuevas, pero nuestro método sigue siendo prácticamente el mismo: nos encerramos en el estudio y no salimos hasta haber hecho algo con lo que estemos realmente satisfechos (risas).
Maxximize Records también se ha convertido en una parte importante del proyecto. ¿Qué papel desempeña hoy el sello?
Nos da muchísima libertad creativa, que es algo importantísimo. Podemos publicar la música en la que realmente creemos sin tener que hacer concesiones, lo que, con el tiempo, nos ha permitido construir un catálogo del que nos sentimos muy orgullosos y que estamos encantados de compartir con nuestros seguidores.
Para terminar, después de más de una década en la escena internacional, ¿hacia dónde sentís que se dirige ahora Blasterjaxx? ¿Qué os queda todavía por explorar?
Esa es la belleza de la música: siempre hay algo nuevo por descubrir. Nunca existe una meta definitiva. Estamos muy contentos con el camino que estamos recorriendo y, mientras podamos seguir haciendo la música que nos gusta y nuestros seguidores continúen disfrutándola, seguiremos haciendo lo que mejor sabemos hacer.





