Entrevista Genghis

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Charlamos con Genghis, DJ, productora y responsable de uno de los sellos más estimulantes de la actualidad: La Pocilga

¿Cómo te encuentras y cómo está yendo el 2026 para ti?

Me encuentro en un momento de mucha energía y creatividad, muy ilusionada y también bastante exigente conmigo misma. 

El 2026 está siendo un año duro, de crecimiento, de tomar decisiones importantes y de empujar La Pocilga hacia nuevos territorios.

Entre eventos, música, artistas y el lanzamiento del sello, siento que todo está creciendo de una forma muy orgánica, pero también muy intensa. Hay mucho trabajo detrás, aunque cuando ves cómo responde la gente, todo tiene sentido. Recibo mucho cariño y eso me da fuerzas infinitas para empujar y seguir creciendo y aprendiendo.

Estoy cansada, sí, pero de ese cansancio bonito que aparece cuando estás construyendo algo en lo que realmente crees.

¿Cuándo y cómo tuviste tu primer contacto con la música electrónica?

Aunque suene a cliché, mi primer contacto real con la música electrónica fue durante mi Erasmus en Berlín, entre 2008 y 2009.

La primera vez que escuché electrónica de verdad por varias horas, fue en Berghain. Se me voló la cabeza. No sabía si me gustaba, no la entendía y, probablemente, tampoco sabía muy bien qué estaba escuchando. Pero no podía parar de bailar. 

Hasta entonces venía de un universo mucho más indie y rock, así que aquello fue un giro de 180 grados en mi manera de escuchar y sentir la música. No fue amor a primera vista en el sentido convencional. Fue más bien una especie de secuestro: la música me atrapó antes de que yo pudiera entenderla.

¿Cómo era la escena electrónica en tu ciudad cuando eras una chavala?

Crecí en Huelva y, a los 18 años, me mudé a Sevilla para estudiar. En aquella época ya existían propuestas muy interesantes en ambas ciudades, pero ni a mí ni a mis amigas nos llamaban especialmente la atención. Con el tiempo me he dado cuenta de todo lo que me perdí y de las historias increíbles que me cuentan sobre aquellos años. Así que sí: shame, shame, shame…

Supongo que cada persona llega a la música cuando está preparada para escucharla. Yo tardé un poco, pero cuando llegué, llegué con hambre.

¿Cuáles fueron tus referentes y quiénes te ayudaron a convertirte en DJ?

Andrew, mi expareja australiana, fue sin duda el cohete de salida.

Yo ya había ido a festivales de música electrónica con amigos, pero fue con él cuando realmente empecé a entender lo que estaba escuchando: a distinguir la calidad de una producción, a valorar los detalles, a apreciar la calidad, a reconocer nuevos elementos y a comprender que detrás de un track hay muchísimo más de lo que parece.

Mi carrera como DJ empezó, de hecho, formando un dúo con él. Fue una experiencia increíble porque aprendí desde la curiosidad, desde el cero más absoluto, desde el intercambio y desde las ganas de descubrir, no desde la obsesión por hacerlo todo perfecto.

Al principio no tenía todas las respuestas, pero sí tenía algo muy importante: ganas de escuchar más y aprender sin descanso. Te hablo de que al principio, no era capaz de distinguir dos canciones de techno. Todo me sonaba a lo mismo… 😅

¿Cuándo y dónde te subiste a una cabina por primera vez?

La primera vez fue en un pub irlandés de Newtown, en Sídney.

Conseguimos el primer bolo gracias a una amiga que nos puso en contacto con el local. Les presentamos nuestra propuesta y les gustó. Yo estaba nerviosísima. Técnicamente fue un pequeño desastre, para qué vamos a mentir, pero estaba muy contenta con la selección musical. La gente respondió muy bien y eso me dio la patada en el culo que necesitaba para seguir adelante y mejorar. A veces no necesitas que todo salga perfecto; solo necesitas comprobar que hay alguien al otro lado conectando con lo que estás haciendo.

¿Cómo definirías La Pocilga musicalmente?

La Pocilga es el proyecto más bonito que he creado nunca. Es el lugar donde tengo libertad para hacer las cosas a mi manera, sin tener que seguir fórmulas ni repetir lo que ya funciona.

Para mí, La Pocilga es libertad creativa. Es poder dar espacio a artistas y sonidos que respeto profundamente, alejados del mainstream, del postureo y de esa obsesión por convertirlo todo en una competición de popularidad.

Busco talento real. Artistas con una mirada propia, gente creativa que no se conforma con hacer lo mismo de siempre y que se atreve a construir algo diferente. Me gusta encontrar esas gemas y compartirlas con mis cerdxs.

También me importa muchísimo crear un ambiente sano, libre y fresco, donde cada persona pueda dejarse llevar. Por eso soy bastante radical con el uso de los móviles. Quiero que la gente esté presente, que deje de documentarlo todo y que vuelva a vivir las cosas en lugar de demostrar que las está viviendo.

Para mí, preservar la intimidad del público tiene un valor incalculable. ¿Por qué debería aparecer tu cara en una foto si no has dado permiso? Y más aún en un espacio que te invita a desconectar, entrar en trance y perder un poco la cabeza.

La Pocilga no es solo una fiesta. Es un ritual. Un lugar donde puedes desaparecer durante unas horas.

¿Por qué decidiste dar el paso de crear un sello?

El sello nace como otra plataforma para que los artistas puedan brillar, llegar a más gente y expandir el mensaje por el que llevo tiempo luchando: que la calidad vuelva a tener espacio para imponerse por sí misma.

Crear es algo espectacular, pero también muy vulnerable. Por eso me emociona especialmente que artistas con trayectorias profesionales increíbles, todxs ellxs vinculados a La Pocilga, estén apoyando este lanzamiento de una forma tan bonita.

Me siento muy afortunada por todo el cariño y la confianza que estoy recibiendo. Que alguien deposite su música y su trabajo en tus manos es una responsabilidad enorme, pero también una de las cosas más bonitas que pueden ocurrir.

El sello no nace para llenar un catálogo. Nace para dar visibilidad a propuestas que merecen ser escuchadas y para construir algo que tenga identidad, criterio y recorrido.

¿Qué podemos esperar de este nuevo sello?

Podéis esperar música con personalidad, artistas con algo que decir y lanzamientos que no estén diseñados para gustar a todo el mundo.

No me interesa publicar por publicar ni seguir tendencias porque funcionan en redes. Me interesa que cada referencia tenga una razón de ser y que represente una manera concreta de entender la música techno.

El sello es una extensión de La Pocilga, pero también es una criatura propia. Más allá de los eventos, quiero crear un espacio donde los artistas puedan desarrollar su universo y donde el público pueda descubrir música sin que todo venga previamente validado por los mismos nombres de siempre.

¿En qué eventos y clubes podremos disfrutar próximamente de tu música?

Todavía no puedo contar demasiado, pero puedo decir que lo que viene va a sorprender 😉

Hasta ahora no puedo estar más contenta con la respuesta que hemos recibido en clubes y salas increíbles de Sevilla, Madrid y Barcelona, donde siempre nos han tratado de diez.

Sigo dándole vueltas a cómo continuar evolucionando el proyecto. Me interesan mucho las artes en general y todas las formas en las que pueden dialogar con la música, así que los próximos lugares y conceptos van a venir cargados de intención.

No quiero hacer simplemente más eventos. Quiero crear experiencias que tengan algo que decir.

¿Qué análisis haces del panorama actual de la música electrónica?

Tengo sentimientos encontrados.

Por un lado, me alegra que el techno esté llegando a más gente y que cada vez exista un público más amplio interesado en esta música. Pero, por otro lado, siento que en muchos casos se está distorsionando su esencia para hacerla más comercial, más fácil de consumir, llenar salas cueste lo que cueste,  y en general, más compatible con los algoritmos.

Y eso me entristece, porque va bastante en contra de lo que el techno significa para mí.

Sigo creyendo firmemente en una escena underground, creativa y libre. Una escena que, a pesar de todos los obstáculos, continúa siendo fuerte. La Pocilga es mi pequeña contribución para que esa escena tenga presencia, tanto en Sevilla como en otras ciudades donde organizamos eventos puntualmente.

Creo en una escena donde el talento pese más que el número de seguidores en redes sociales, donde una buena idea importe más que una estrategia de TikTok y donde la música no tenga que convertirse en contenido para ser válida.

El underground no ha muerto. Quizá simplemente ha aprendido a esconderse mejor.

Para Genghis, la música electrónica es…

Desconexión.

Es viajar sin desplazarte físicamente a ningún sitio. Es felicidad, trance, olvido y la posibilidad de dejarte hipnotizar por sonidos que te atrapan.

También es compartir una energía con personas que entienden la música de una manera parecida a la tuya y sentir cómo esa energía crece, se transforma y acaba convirtiéndose en algo colectivo.

Para mí, la música electrónica es ese momento en el que dejas de pensar, dejas de preocuparte y dejas de ser consciente de todo lo que ocurre fuera.

Solo estás ahí.Y durante unas horas, eso es suficiente.