
Charlamos con la artista gallega Russ sobre su trayectoria y sobre su próxima actuación en FEC 2026.
Hola Russ, muchas gracias por esta entrevista. ¿Cómo estás viviendo profesionalmente este 2026 ?
¡Hola! Muchas gracias por invitarme. La verdad es que estoy viviendo este 2026 con mucha ilusión. Dedicarse profesionalmente a la música sigue siendo un proceso exigente y lleno de incertidumbre, pero siento que estos dos últimos años han sido clave para afianzar mi trayectoria.
Por una parte, en mayo publiqué mi último EP junto al sello valenciano Ecco Records, un trabajo que me ha permitido seguir desarrollando y darle continuidad a mi sonido. Por otra, poco a poco me estoy abriendo camino en el ámbito audiovisual, creando diseños sonoros y bandas sonoras para cortometrajes, programas de televisión y otros proyectos.
¿Tienes claro cuándo comenzó tu interés por la música electrónica?
La verdad es que no sabría señalar un momento exacto. Creo que fue un interés que apareció de forma bastante gradual y que el cine tuvo mucho que ver. Desde muy joven me llamaban especialmente la atención las bandas sonoras, las atmósferas y la forma en que el sonido podía transformar por completo una imagen. Seguramente, antes incluso de escuchar música electrónica de manera consciente, ya estaba conectando con ella a través del audiovisual.
¿Cómo era la escena electrónica en tu ciudad cuando eras más joven? ¿Cuáles eran los clubs a los que ibas regularmente?
Soy de Santiago de Compostela. Cuando empecé a interesarme más por la música electrónica, no recuerdo que hubiese una escena de club especialmente consolidada. Mi acercamiento estaba más vinculado a la cultura sound system, que en aquel momento tenía bastante presencia en la ciudad, y a géneros como el dub, el reggae o el jungle.
Sí que iban apareciendo espacios e iniciativas con programación electrónica, pero de forma bastante intermitente. Recuerdo, por ejemplo, la Discoteca Sarela y Corzo. En Santiago siempre ha habido personas impulsando propuestas interesantes, pero cuesta mucho que tengan continuidad, en parte por las condiciones precarias en las que suelen trabajar quienes las sostienen.
Por eso no tuve unos clubs concretos a los que fuese regularmente, más bien bares y pubs con programación particular. Mi vínculo con la electrónica nació más de esa cultura sound system y de eventos puntuales que de una escena de club estable.
¿Cuándo y dónde te subiste por primera vez a una cabina de DJ?
La primera vez que pinché fue en el Escárnio e Maldizer, un centro social okupado y autogestionado de Santiago. Era un espacio de encuentro para la contracultura, el activismo y la música en la zona vieja, donde se organizaban conciertos y existían unas posibilidades creativas y de convivencia enormes. Para mí fue un lugar muy importante para empezar a experimentar y compartir música. A partir de ahí comencé a pinchar también en mercadillos, encuentros y distintas propuestas sociales y culturales.
En 2017 formé parte de Mulheres na Batida, un grupo de trap feminista con el que vivimos una etapa increíble. Tuvimos varias fechas por Galicia, recibimos mucho apoyo del público e incluso llegamos a ser teloneras de Sara Hebe.
A partir de esa experiencia fui haciendo residencias como DJ en espacios locales como O Pozo, O Paraíso Perdido. Más adelante, desde 2018, empecé a pinchar con mayor frecuencia en fiestas y festivales como WOS o La Melona o en clubs como Doppler o Mondo (Vigo). Fue entonces cuando mi trayectoria como DJ empezó a adquirir una mayor continuidad.
¿Qué artistas te marcaron en tus inicios? ¿Quienes son tus referentes?
Mis referentes no proceden únicamente de la música electrónica. Mis inicios estuvieron marcados por una curiosidad muy amplia ya que escuchaba y buscaba discos de estilos y lugares muy distintos, desde la MPB de Brasil hasta las músicas de Cabo Verde, Angola o el pop de Reino Unido. También fue fundamental el tiempo que viví en Oporto. Fue una etapa en la que aprendí mucho y al regresar sentí la necesidad de compartir toda aquella música que me apasionaba. De hecho, cuando empecé a pinchar, mis sesiones todavía no estaban centradas en la electrónica.
Dentro de la música electrónica, me interesan especialmente quienes rompen las fronteras de lo que tradicionalmente entendemos como música de baile: artistas que piensan más allá de los géneros y que están redefiniendo sus formas, sus ritmos y sus posibilidades. En ese sentido, siento como referentes a aya, Verraco, Arca, Teqmun, 96 Back, Piezo, Jasss, Objekt, Djrum u Octoptic, entre otros.
Me atraen las músicas y los sonidos que trabajan el ritmo, la textura y el espacio desde lugares muy personales, pero que, incluso desde la experimentación, mantienen una relación física con la pista de baile.
Vamos a poder disfrutar de tu sonido en la próxima edición de FEC. ¿Qué nos tienes preparado para tu actuación?
Para el festival he preparado un set de hora y media concebido como un viaje progresivo y también como una aproximación a mi propio sonido. Partiré de una zona más profunda y atmosférica, con el dub techno como hilo conductor, e iré incorporando poco a poco house, trance lento y elementos de IDM. En la parte final aparecerán con más fuerza el electro y el breakbeat, como un cambio de tracción hacia algo más físico y mecánico. La idea es crear el contexto para lo que venga después, sin agotar demasiado pronto la intensidad de la noche.
¿En tu opinión qué aporta este festival a la escena?
Creo que el festival aporta a la ciudad una programación que no suele tener demasiada cabida en Coruña. Acerca sonidos más arriesgados, experimentales y menos previsibles dentro de la electrónica, y demuestra que también existe un público interesado en propuestas que van más allá de los formatos más habituales.
Además, me parece importante porque ayuda a diversificar la escena, genera nuevos espacios de encuentro y conecta a artistas internacionales con proyectos y público local. Este tipo de iniciativas no solo ofrecen una programación diferente, sino que también pueden servir para ampliar los referentes de la ciudad y dar impulso a una escena electrónica más abierta, curiosa y plural.

¿Cómo definirías tu estilo?
Definiría mi sonido como una electrónica de club de carácter experimental, con una base muy vinculada a la bass music, los ritmos rotos, el dub, el electro y la IDM. Me interesa trabajar el sonido como una materia flexible y transformable, utilizando la síntesis, el sampleo, el ruido y el procesamiento para construir ritmos, texturas y espacios que se alejan de las estructuras más previsibles.
Aunque existe una búsqueda bastante abstracta, intento mantener siempre una conexión física con la pista de baile. Me interesa especialmente el equilibrio entre lo corporal y lo emocional: bajos y percusiones que generan tensión conviven con atmósferas, pads y melodías que aportan una dimensión más sensible. Más que encajar en un género concreto, busco desarrollar un lenguaje propio a través del ritmo y el diseño sonoro.
En el estudio cómo eres, ¿ya llegas con una idea preconcebida o dejas que los sonidos vayan fluyendo?
Suelo llegar al estudio con una idea previa que me sirve como punto de partida, pero intento no dejar que me condicione demasiado. Salvo que se trate de un encargo muy delimitado,, que no suele ser lo habitual, trabajo desde la flexibilidad y dejo espacio para que el propio proceso transforme la idea inicial.
Normalmente pruebo, juego y observo cómo se relacionan los sonidos entre sí. Me gusta dejar que el sonido fluya, pero también busco que aparezca algo que me despierte curiosidad, que me sorprenda y que sienta novedoso. Muchas veces es ese hallazgo inesperado el que acaba marcando el rumbo de la pieza.
Háblanos de tu reciente EP y de los dos lanzamientos qué están por salir.
Mica es mi segundo EP. Lo saqué en mayo junto al sello valenciano Ecco Records. Consta de tres temas y nace del juego, la experimentación y la búsqueda de un sonido propio. Durante el proceso trabajé mucho desde la síntesis, el sampleo y el procesamiento extremo, tratando el sonido como una materia que podía moldear y transformar. Me interesaba que el ruido, las texturas y los timbres quebrados no funcionasen como elementos secundarios, sino que formasen parte del propio lenguaje musical.
Los tres temas comparten esa búsqueda, aunque cada uno ocupa un lugar diferente. “Albor” parte de una pulsión más cercana al dub y va creciendo desde una base grave y atmosférica. “prica!” es probablemente el corte más físico y preciso, con una percusión muy afilada, ritmos desplazados y una tensión constante. “dúascaras”, en cambio, tiene un carácter más emocional y melódico, aunque mantiene los breaks fragmentados y el trabajo de texturas.
En conjunto, el EP se mueve entre la explosión y el recogimiento, entre una electrónica más abstracta y la conexión con la pista de baile. Creo que representa bastante bien el momento en el que estoy ahora, intentando no encajar en un género concreto, sino desarrollar un lenguaje propio a través del ritmo y el diseño sonoro.
Por otro lado, mi próximo lanzamiento será una colaboración con la productora y cantante Clara! para un recopilatorio de varios artistas del sello polaco 00effort. Es un tema de baile a 115 BPM que se mueve entre el trance, el progressive y el deep techno, pero desde un tempo más lento.
Trabajar estos sonidos a esa velocidad permite que las líneas de bajo tengan más groove y que se abra un paisaje sonoro más amplio y psicodélico. El tema funciona como una especie de recorrido entre la luz y la oscuridad, con muchos cambios de dinámica, momentos más hipnóticos y otros más épicos. En ese sentido, mantiene algunos elementos que ya estaban presentes en Mica, aunque llevados a un terreno diferente y compartidos con el universo vocal y creativo de Clara.

¿Dónde vamos a poder verte pinchar en los próximos meses?
Actualmente compagino la producción musical con el DJing, aunque en este momento este último ocupa un lugar más secundario. Además del FEC, mis próximas fechas serán un directo de música electrónica en Manzaneda, acompañado por las visuales de Antía Carreira, y una fiesta privada.
Después de estas actuaciones quiero volver a centrarme en la producción y en el trabajo de estudio. En los últimos meses, además, me he incorporado a varios grupos de música, ampliando así los diferentes ámbitos en los que trabajo, desde el club hasta las artes escénicas y el audiovisual.
Me interesa mucho explorar el trabajo colectivo, tocar instrumentos analógicos además de la electrónica y recuperar también una forma de hacer música más compartida, espontánea y divertida.
De todos los momentos que has vivido en tu carrera, que no han sido pocos… ¿Cuál recuerdas con más cariño y por qué?
Más allá de algunos momentos importantes vividos en festivales, los recuerdos que guardo con más cariño son aquellos en los que se ha generado una conexión especialmente emotiva con el público o con les amigues y la crew de los proyectos.
Recuerdo de forma muy especial el estreno de mi primera pieza de teatro, porque me permitió descubrir otro tipo de relación con las personas y comprobar cómo la música podía convivir con la risa, la escena y emociones diferentes a las que aparecen en un club. También guardo muchísimo cariño por Bulla Barulla, nuestra fiesta, por todo lo que significó compartir un proyecto colectivo con gente cercana y construir juntas un espacio propio.
Mirando el panorama global, ¿qué análisis haces del momento actual de la música electrónica?
Creo que la música electrónica vive un momento de gran expansión y consolidación, porque se ha integrado en contextos musicales y culturales muy diferentes.
En el ámbito de la producción estamos en un momento dulce. Las herramientas son mucho más accesibles, existe una enorme cantidad de información disponible y cada vez más personas pueden experimentar, aprender y desarrollar un lenguaje propio. Esto permite que la electrónica no se limite a proyectos puramente electrónicos, sino que también se incorpore a bandas, formatos híbridos y propuestas vinculadas a otros estilos musicales.
En cuanto al DJing y a la escena, prefiero centrarme en el contexto local, que es el que conozco de cerca. Creo que en los últimos años la escena gallega ha seguido creciendo y desarrollándose, pero todavía necesitamos más espacios, nuevas programaciones y una mayor diversidad. Y cuando hablo de diversidad no me refiero únicamente a ampliar los sonidos y estilos presentes, sino también a que haya perfiles más diversos tanto encima del escenario como detrás de las propuestas, tomando decisiones y diseñando las programaciones.
Para Russ, la música electrónica es……..
Un medio en el que poder expresarme. Una exploración de mi misma y del mundo.





