
Charlamos con el fotógrafo Spencer Tunick, que este domingo 26 de julio realizará una iniciativa única en Gran Canaria. Conocido por sus instantáneas con desnudos masivos en la vía pública, el artista neoyorquino presenta su nueva instalación “Gran Spectrum”.
“Gran Spectrum” será una instalación especial de Tunick, que para esta ocasión juntará a los participantes bajo los colores de la bandera LGBTQIA+. El motivo, los retrocesos en los derechos de las personas queer por todo el mundo y el amor que el propio fotógrafo siente por dicha comunidad. Aprovechando que él ya estaba en Gran Canaria, decidimos hacerle unas preguntas y compartir unos divertidos y tiernos minutos con el artista. Él invita a la gente de la localidad a seguir apuntándose a la iniciativa, cuyo registro todavía es posible aquí.

Lo siento por el fondo, porque se ve fatal, y es que me estoy mudando y tengo esta esta silla de gaming, que no es mía y todo es un desastre.
No te creo.
No es mía, te lo prometo. Solo quería asegurarme. Bueno, ya estás en Gran Canaria. ¿No?
Sí, estoy publicando cosas en mi Instagram; puedes seguir lo que publico. Hay mucho humor en ello.
Lo he visto hoy, pero quería empezar con una pregunta sobre ello porque imagino que estás pasando por muchas exigencias logísticas, ya que siempre hablas de lo difícil que es hacer una sola foto, de todo lo que tienes que preparar por el camino. Así que quería saber un poco cómo es el proceso cuando estás en el extranjero o en otro sitio: ¿qué haces los días previos? Por ejemplo, ¿cómo ha ido hoy? ¿Qué has hecho hoy?
Bueno, hoy me he despertado y tenía el ojo hinchado. Era la primera vez que me pasaba. Así que lo he buscado y decían que o bien era por un bicho o porque había dormido en una postura incorrecta. Eso fue lo primero que me pasó. Y me quedé como: «Espera, ¿qué me está pasando? ¿Tengo…? Ya sabes, ¿qué hago?». Dicen que si te frotas una cáscara de plátano sobre la picadura de un bicho mejora. Así que fui al restaurante del hotel, cogí un poco de cáscara de plátano y me froté el ojo, por debajo,con la cáscara y parece que ahora está bien. Así que no sé si eso es solo… Sí.
Parece que ha funcionado.
Bueno… No sé si era una picadura de insecto, pero ahora huelo a plátano [risas].

Seguro que sí. Sobre la obra, ¿has hecho algo hoy, como una gran organización?
El día después de llegar, a veces simplemente descanso un poco y ordeno mis ideas, saco mi equipo, reviso mis cámaras, me aseguro de que todo esté perfecto para trabajar en mi habitación… Había un sofá, pero no había escritorio para trabajar con mi asistente y mi técnico de cámara. Cada vez que viajo siempre pido que me traigan un escritorio a la habitación para poder sentarme con mi asistente y procesar las fotos digitales después de la instalación, porque ya no es como cuando empecé, que solo tenías los carretes de película y luego los metías en la bolsa y ya está. Hasta que volvías a Nueva York y entonces tenías que esperar tres semanas para tener las fotos.
Pero al mismo tiempo imagino que siempre estabas preocupado porque la película no funcionara o algo así, o que se hubiera expuesto, y eso también era crítico.
Claro. Sí, eso siempre me ponía de los nervios, me volvía loco. Así que lo que hacía era disparar con dos cámaras idénticas, cámaras analógicas, y disparaba todo lo que captaba con una cámara, y luego hacía lo siguiente con la otra. Así que, si tenía un montaje delante de mí y la gente estaba de pie mirándome, hacía una, dos, tres, cuatro exposiciones y luego le pasaba la otra cámara a mi asistente. Uno, dos, tres, cuatro; otra vez. Después, cuando sacábamos las películas después de la instalación, las metíamos en dos bolsas diferentes. Así, un miembro del equipo tenía un juego con todas las mismas imágenes. El otro tenía el otro juego con las mismas imágenes y así siempre teníamos una copia de seguridad; ahora, ya sabes, las cámaras tienen dos tarjetas SD. Entonces, cogemos las tarjetas SD y las metemos también en dos bolsas diferentes,
¿Y revelas, por ejemplo, una película en un sitio y otra en uno distinto?
Exacto. Bueno, cuando me detuvieron en París, le di mi carrete a una de las modelos y ella, cuando estábamos en la comisaría, la llevaba escondida dentro del sujetador. Esa es una fotografía preciosa. Estábamos delante de la Asamblea Nacional, el edificio del Gobierno, y había unos ladrillos preciosos justo enfrente. Menuda oportunidad, ¿verdad? Así que reuní a cinco personas en París para que posaran desnudas para mí y entonces oímos las sirenas… Pensamos: «No, esto no puede ser para nosotros», pero sí, era para nosotros. Y nos llevaron, nos hicieron firmar cosas que no podíamos leer y luego nos dejaron marchar. Después vimos, cuando íbamos a desayunar, que todos los agentes de policía que nos habían detenido y los inspectores estaban comiendo junto a nosotros, en la mesa contigua.

Creo que es bastante propicio que estés haciendo esta sesión de fotos con temática queer en Gran Canaria y siento que es un momento crucial para hacerla. Así que quería saber un poco, ya que vives en Nueva York, ¿cómo sientes que la emergencia de la extrema derecha y la visibilidad de la comunidad queer han cambiado el marco cultural desde 2020 —desde el COVID— hasta ahora?
Bueno, creo que cuando la gente pose para este proyecto, será un poco más importante que muchos de los proyectos que he hecho en el pasado. Porque realmente transmite el mensaje de que todas las personas son iguales, de que formamos un amplio espectro de colores; de que combinamos belleza y verdad. Así que cuando la gente de Gran Canaria sale y participa, es realmente un regalo que se hacen unos a otros y también al espectro de géneros y a la comunidad queer. Creo que son como un rayo de colores, ya sabes, que cae del cielo. Un golpe contra, —aunque sea visual, aunque sea simbólico— contra un monstruo, un gobierno monstruoso de extrema derecha, ya sabes, en EE. UU. y en otros lugares del mundo, especialmente en Rusia. Por eso creo que es importante crear una obra realmente sólida para mostrar mi amor por la comunidad y, con suerte, crearé una obra impactante para mí mismo y, a su vez, para las personas que participan, y espero que podamos conseguir un buen resultado. Espero de verdad que la gente sepa que todavía puede inscribirse hasta el último momento.
Por supuesto.
Y que todo el mundo reciba una copia impresa, una obra de arte, para que puedan colgarla en la pared o en el baño y así sacar algo de ello. Y no son solo modelos. Los participantes son artistas; ya sabes, estamos creando algo que es como una comunidad que se forma en torno a la obra de arte, como un espíritu de camaradería. Y sí, hace falta valor, pero creo que cuando hayan posado, se sentirán conmovidos, muy conmovidos de una forma totalmente nueva. Eso es lo que espero.
Recuerdo una entrevista que te hicieron en el pasado en la que decías que las personas que participaban en tu obra eran «jóvenes de corazón». Eso me impactó mucho, porque, de alguna manera, siento que tenemos que ser ingenuos en ciertos aspectos, y esa ingenuidad se refleja en tu obra; como si tuviéramos que tener esperanza y ser naif para luchar contra el statu quo. Así que quería saber qué aprendes de la gente con la que trabajas, de la gente que se desnuda para tu obra.
Estoy aprendiendo que las personas mayores que vienen a participar, que tienen más de 80 años, son tan jóvenes de corazón como la gente de entre 20 y 30 años que participa. No se trata de la edad. Se trata más bien de la participación en el arte. El amor general por la libertad de poder crear arte sin estar controlado por el gobierno en lo que respecta al arte, y de tener las libertades básicas de la humanidad para ser quien uno quiera ser.

Has vivido la ambigüedad de la represión en muchos sentidos por cómo trabajas con personas desnudas, has sido censurado en Facebook; te han detenido en múltiples ocasiones… Y quería que hablaras un poco, si te apetece, sobre esa iniciativa que tuviste, «Don’t Delete Art», hace unos años.
Exacto. Soy el co-curador fundador de una página web llamada «Don’t Delete Art», que ayuda a los artistas que están siendo eliminados y manipulados por Facebook, Instagram y otras redes sociales y empresas online. Te puedes imaginar, cuando a un artista le borran su perfil de Instagram, es como si le tiraras su agenda de contactos o, en cierto modo, su ordenador con su agenda de contactos, porque a un artista le puede llevar años y años crear una comunidad en línea. Y no me refiero a artistas que solo tienen contactos con galerías e instituciones. Me refiero a artistas que son artistas de corazón y que no han acudido a nosotros, que no tienen ningún recurso, ya sabes, no tienen contactos en Instagram. No tienen contactos en Facebook. Por eso, en «Don’t Delete Heart Art» tenemos también una página de consejos donde damos ideas sobre cómo presentar tu arte para que no te borren. Y es un recurso estupendo, y estoy muy orgulloso de tenerlo. Fue idea mía crear la página de consejos para la web, es un sitio realmente estupendo; si eres artista o te preocupa la censura, es un recurso al que puedes recurrir. Gracias por sacarlo a colación.
Es interesante ver cómo afecta a mucha gente diferente o a distintos enfoques sobre la desnudez, el estar desnudo o la sexualidad que no tienen nada que ver entre sí, y es simplemente porque hay algo que no se trata bien en lo que respecta a tener un cuerpo.
Exacto. Además, no se trata solo de que la eliminen. Es también que esas personas están intentando llegar a la gente y les están limitando a un círculo reducido de personas, sin que su mensaje se difunda realmente a gran escala. Es muy difícil. Además la cosa ha empeorado, ¿sabes? Aunque ahora hay mucha más gente desnuda en Internet y todos los fotógrafos tienen fotos de gente desnuda en público, parece que lo que yo hacía cuando empecé —y que no hacía mucha gente—, trabajar al aire libre, en espacios públicos, se ha extendido. Ahora todo el mundo, su madre es fotógrafa y saca fotos de gente desnuda, lo cual está bien [risas]. Cuanta más gente, mejor. Pero aún así es difícil cuando la revista más grande del mundo, que es Instagram, y su sistema de apelaciones son defectuosos. Debería haber no dos fases de apelación, sino tres, y solo tienen dos. Solo tienen una fase de apelación y luego, si no te aceptan, siempre te quedas en la segunda, que es el comité de revisión y ahí te quedas atascado. Así que debería haber un tercer nivel en el que, aunque tengas que escribir —por ejemplo, si a alguien le borran la cuenta—, aunque tengas que escribir un ensayo o responder a muchas preguntas para llegar hasta ahí, tiene que existir esa oportunidad. Porque no vas a tener a alguien a quien le importe de verdad no perder los contactos de toda su vida como para escribir una apelación muy larga para esa tercera fase. Es horrible.

Es frustrante. Al volver a revisar tu obra, llegué a la conclusión de que tienes una mirada muy femenina de alguna manera, y para mí tiene sentido porque estaba revisando algunas entrevistas y hablas de esa novia que tuviste cuando estudiabas fotografía, que te dijo que quería posar para ti, y también hablaste de tu esposa y de cómo ella es alguien que te ayuda de alguna manera, siendo tu asistente y trabajando en el MoMa. Se ve que aprecias todo lo que ella hace, y me encanta la forma en que hablas de las mujeres y también cómo has defendido sus derechos históricamente en algunas de tus obras. Así que quería, si te apetece, que reflexionaras sobre esta idea de que, bueno, la forma en que las mujeres se implican contigo te hace tener una forma diferente de abordar los cuerpos.
Desde que empecé a crear mi obra, en mis inicios fotografiaba grupos de personas; por eso se me conoce por mis fotos de grupos. Luego, a medida que avanzaba, a veces separaba los grupos en uno solo de mujeres y otro solo de hombres. Y, sea cual sea el género con el que te sientas más cómodo, ya sabes, si eres trans, o si eres intersexual, lo que sea, donde quieras estar, puedes irte allí si te sientes cómodo desde el principio. Tuve una exposición en una galería hace poco y querían mostrar todos los grupos de mujeres, querían imprimir las fotos de los grupos de hombres y mujeres juntos, pero querían imprimir muchos de mujeres juntas. Les dije: «Oye, también tengo muchos grupos de hombres». Y no quisieron publicar mis grupos de hombres. Básicamente, el galerista es heterosexual, ya sabes, lo cual es comprensible por su parte, pero, para mí, ese es simplemente un ejemplo interesante sobre como se organiza la percepción sobre ambos sexos. Mi madre era artista y me llevó a mi primer museo, al Museo de Arte Moderno, y allí vi por primera vez mi cuadro favorito, «El sueño», de Henry Rousseau, y me dejó alucinado: era simplemente una gran y hermosa imagen de una mujer desnuda recostada en el bosque.
Cuando estaba en la clase de fotografía y en la de arte tuve una novia que posó para mí al principio y me apoyó mucho, es cierto también. Conocí a mi mujer en las calles de Nueva York, ella pasó a mi lado en 1995, ya sabes, antes de Internet [risas] y le pregunté si quería posar para mí. Se me olvidó preguntarle si quería hacerlo desnuda, solo le dije: «Oye, ¿quieres posar para mí?». Luego nos hicimos amigos y se me olvidó hacerle una foto. Simplemente nos hicimos amigos. Pero más adelante ella me dijo: «Oye, ¿no querías fotografiarme?». Y yo le respondí: «Ah, sí. Sí, claro que sí». Así que la fotografié por primera vez cuando la conocí en 1995. Y desde entonces la he fotografiado una vez al año. Este año todavía no ha posado para mí, así que durante 30 años que este año serán 31. Tengo que asegurarme de hacerlo antes de que empiece a hacer frío, ya sabes, antes de que empiece a hacer frío y ella pase frío ahí fuera. Desde que empecé con mis trabajos colectivos, ella, que es diseñadora gráfica, se ha encargado de diseñar todas mis invitaciones, todas esas invitaciones en blanco y negro al estilo clásico que solía repartir para animar a la gente a participar. Ella las diseñó todas.




