
«Corps Perdu» surge de la práctica continua de Lamin Fofana, centrada en la creación de entornos sonoros inmersivos y multisensoriales, los cuales se nutren e inspiran en textos de gran riqueza histórica, escritos por académicos y poetas vinculados a la tradición de los Black Studies.
Las palabras de W.E.B. Du Bois, Sylvia Wynter, Dionne Brand, Fred Moten, Édouard Glissant, Suzanne Césaire y Aimé Césaire se transforman y circulan en forma de sonido, llegando a los oyentes a través de la radio, eventos en vivo, álbumes e instalaciones. Lamin Fofana rinde homenaje a sus fuentes con una conciencia histórica palpable; sin embargo, sus sonidos se abren, simultáneamente, hacia las turbulentas incertidumbres del presente.
La música que escuchamos en el álbum Corps Perdu se presentó previamente en una serie de sesiones colectivas de lectura y escucha —celebradas en París, Barcelona, Túnez y Nueva York—, durante las cuales los asistentes leían en voz alta fragmentos de una selección de textos realizada por Fofana. El desarrollo espontáneo de estas lecturas y escuchas atentas, mezcladas en directo por Fofana, pone de manifiesto la naturaleza abierta de Corps Perdu. El álbum, ya publicado, no es más que una iteración de esta investigación, aún en curso, sobre la relación entre el sonido y el texto.
Corps Perdu presenta un viaje introspectivo sin retorno y, como tal, está repleto de presagios de toda índole. A lo largo de diez pistas, Lamin Fofana crea un complemento —un compañero— de la transformación que inició en su álbum anterior, Works in Metal; construye una narrativa que nos transporta al Krakatoa antes de su erupción y nos permite escuchar esa «semilla voladora que sueña muy alto» de la que habla Césaire. Los títulos de las pistas y el arco narrativo del álbum dialogan con la poesía de Césaire —concretamente con su colección de 1950, Corps Perdu—, en la que los diez poemas aparecen acompañados por grabados de Picasso que fusionan fragmentos de cuerpos y plantas. Esta colaboración surgió tras su primer encuentro, dos años antes, en el Congreso Mundial de Intelectuales por la Paz —impulsado por el movimiento comunista—, celebrado en Breslavia (Polonia).

La música de Corps Perdu trabaja melodías intuitivas, casi palpables, a través de un procesamiento denso. Aunque abundan los ritmos, estos nunca llegan a adoptar la densidad propia de los ritmos de pista de baile que Fofana ha explorado en trabajos anteriores (basta pensar, por ejemplo, en el par de temas «Obscure Light» de Works in Metal). En su lugar, Fofana abre con delicadeza los puños cerrados con los que comienza el Corps Perdu de Césaire: «En mí, de mí, hacia mí, fuera de cualquier constelación, apretado solo entre mis manos, el raro espasmo de un último delirio, sigue vibrando, palabra». A través del sonido, el álbum plasma la dispersión y la fragmentación líquida que dan forma a la metamorfosis desesperada de un «cuerpo perdido» (corps perdu).
«To Become Liquid» abre el álbum y deja la puerta entreabierta. Junto con los temas que le siguen —«I Say River Corrosive» e «Infinite Regress Into Futures Past»—, se pone en marcha un viaje. Un viaje que es un descenso abismal: una caída sin aterrizaje, un caer tanto hacia arriba como hacia abajo. Este trayecto habla con mayor elocuencia de la anticipación de la llegada que de cualquier sensación de pérdida o anhelo nostálgico de retorno. Césaire nos recuerda: «no apartes el polvo; todo será, visiblemente, ritmo. ¿Y qué recuperaríamos? Ni siquiera nuestro propio secreto». A medida que el acorde sin resolver de «To Become Liquid» se propaga en ondas, una debilidad recorre los brazos; la gravedad se desvanece de las extremidades y el cuerpo flota, ingrávido, en una transformación líquida. La sangre gotea en el agua, enturbiando la estela que se forma en la superficie. Césaire vuelve a hablar: «Palpita, palpita la esencia misma de la oscuridad en pleno vuelo, con voz plena de tanto morir».
El «cuerpo perdido» se encuentra atrapado entre dos direcciones: la llegada y la partida. Los patrones pacientes de Fofana y sus notas de teclado, densas y rotundas, punzan con dulzura, sostenidas por el viento, la arena y el crepitar de la estática. No presagian el naufragio, sino que operan en su interior para construir un hogar. Primero en el propio cuerpo y, después, a medida que este se desplaza —como un espectro— entre la multitud; tal como podemos escuchar en «Blank to Fill on the Visa of Pollen», donde las grabaciones de campo evocan un espacio efímero y sin rostro. A lo largo del álbum —y, muy especialmente, en su epicentro, «Corps Perdu»—, las melodías avanzan y retroceden, girando y crepitando, trazando una línea narrativa palpitante a través de un abismo insondable. «Ode to Guinea» cierra el álbum y reúne la multiplicidad de líneas temporales presentes en Corps Perdu, dando lugar a una estructura imponente y dinámica que se despliega, a modo de constelación, en medio del firmamento.

En una entrevista publicada en Tropiques en 1945, Césaire se refirió a la poesía como un «diseño rupestre en la materia del sonido». Que una piedra pueda albergar una imagen, y que esta imagen —hecha de sonido— se convierta en poesía, constituye una forma de progresión que no le es ajena a la música de Fofana, la cual opera, asimismo, mediante la transmutación. Aun estando intrincadamente enriquecida por el texto, la obra Corps Perdu de Fofana invita al oyente a adentrarse en cauces sonoros expansivos y afectivos; se trata de una poderosa iteración dentro de su indagación abierta, la cual sigue resistiéndose a adoptar una forma definitiva o cerrada. Las melodías viajan como polen, atravesando los estados de vigilia y sueño —a la manera de nanas— y, en diálogo con Césaire, dan lugar a «un ensueño sin trabas, con una memoria pulmonar y el corazón en la mano».




