Lusine: Melting Days (Ghostly International)

Tiempo de lectura: 3 minutos

McIlwain regresa a sus raíces minimalistas con «Melting Days», su imponente décimo álbum como Lusine.

Repasar las dos décadas de trayectoria de Jeff McIlwain —conocido como Lusine—, radicado en Seattle, revela a uno de los productores más constantes y duraderos de la música electrónica y experimental contemporánea; un artista de perfil discreto pero de curiosidad inagotable. Su extenso catálogo equilibra la estructura melódica con un refinamiento textural, transitando por terrenos del techno, el avant-pop y el ambient sin encasillarse nunca en ninguno de ellos. Tras Long Light (2023) —uno de sus álbumes más colaborativos y centrados en la canción hasta la fecha—, McIlwain regresa a sus raíces minimalistas con Melting Days, su imponente décimo álbum de larga duración como Lusine. Se trata de diez temas que dialogan con la pérdida y la transición, definidos por capas elementales y bucles ascendentes que envuelven sus característicos ritmos y patrones de percusión en un resplandor puro. «Cuando atraviesas un duelo, es como si vieras cómo tu vida anterior se vuelve cada vez más borrosa», comenta McIlwain. Aunque no se propuso crear un álbum que narrara un viaje, Melting Days lleva esa sensación hasta su desenlace espiritual, recorriendo el camino desde la catarsis hasta la claridad.

El antecedente más directo de Melting Days es Language Barrier (2007), el emblemático álbum de ambient de Lusine. Ambos proyectos surgieron de trabajos de composición para bandas sonoras y se articulan principalmente a través del tono y la textura. Loraine James llegó a declarar a la revista Wire que Language Barrier era su «álbum de ambient favorito de todos los tiempos». Ahora compañeros de sello en Ghostly —gracias al proyecto Whatever The Weather de James—, ambos artistas adoptan una interpretación del término «ambient» propia de la vieja escuela británica y de espíritu libre: un enfoque más cercano a los inicios de Aphex Twin, a Seefeel y a Locust (uno de los favoritos de Lusine), donde la música no se limita a un lienzo estático sin ritmo, sino que permanece activa, fluida y en un plano mucho más protagonista. Si bien no es un álbum puramente percusivo, Melting Days incorpora muestras de batería de su colaborador habitual Trent Moorman, ofreciendo una experiencia más rítmica de lo que las impresiones sonoras iniciales podrían sugerir.

El otro elemento que nutre esta obra es, sencillamente, la vida. Fue una etapa especialmente difícil para McIlwain, un periodo en el que se mostró más reflexivo y solitario a la hora de elaborar su música que en proyectos anteriores. Construyó Melting Days de forma intuitiva —más como si fuera una película—, atento al arco secuencial y sin preocuparse tanto por gestos llamativos, ganchos vocales o recursos similares. «Creo que esto resultó liberador para mí: no tener que hacer concesiones con las ideas», añade. El tema inicial, «Sightline», y el final, «Uncharted», están conectados por capas de saxofón reverberantes —al estilo de Steve Reich— interpretadas por Bryan Manzo; estas capas proporcionan un marco simétrico que permite a McIlwain experimentar desde diversas perspectivas, a menudo gravitando hacia referencias terrestres y náuticas. Es fácil imaginar el agua, burbujas de aire ascendiendo a la superficie o la luz del sol atravesando los tonos azules.

«Bird’s Eye» recorre el pasado y el presente mediante una progresión de acordes formada por campanas que giran como molinillos. «Overlook» ofrece otra panorámica, esta vez marcada por una pulsación hipnótica y difusa. «Intruder» hace un primer plano para enfrentarse a pensamientos intrusivos, incorporando una de las escasas intervenciones vocales del álbum. McIlwain describe «Apparition» como un «accidente afortunado»: el resultado de procesar un loop de violonchelo a través de docenas de filtros hasta transformarlo en un instrumento completamente distinto. A lo largo de la obra, emplea la abstracción y la supresión como métodos de creación.

Todo converge en la pieza central y evocadora del álbum, «Pendulum», que oscila entre destellos amortiguados y un esplendor palpitante compuesto por cuerdas, flauta y estática. «Quizás provenga de un mundo más centrado en el ritmo, pero me cuesta dejar que un tema se quede estático», explica. «Quiero generar impulso».

Sobre el tema «These Walls», de carácter melancólico y cinematográfico, McIlwain comenta que intentaba encontrar una canción en su interior. Esa sensación de búsqueda se extiende a Melting Days en su conjunto: en las corrientes subyacentes de la música de Lusine convergen pequeños matices de asombro ante la naturaleza y de tristeza. Ya sea de forma consciente o no, Melting Days es el sonido de un artista pionero que procesa una carga inmensa y, finalmente, la deja ir, buscando la belleza en la vida, por muy imperfecta o cambiante que esta sea.