
El quinto álbum de Saint Abdullah & Eomac comenzó como un poema y se convirtió en un disco que se niega a permanecer en un solo lugar.
Saint Abdullah y Eomac es una colaboración continua a larga distancia entre Mohammad y Mehdi Mehrabani —hermanos iraníes-canadienses radicados en Nueva York que conforman Saint Abdullah— y Eomac (alias de Ian McDonnell, un productor de Wicklow, Irlanda, quien publicó el excelente LP ‘Cracks’ a través del sello Planet Mu hace un par de años). El título surgió en un taxi en París. Mohammad Mehrabani lo leyó en voz alta a partir de una lista de opciones. Ian McDonnell comentó: «Es interesante, ¿qué significa?». Resultó que la respuesta era el álbum.
Saint Abdullah, el proyecto que Mehrabani formó con su hermano Mehdi en 2016, siempre ha operado en ese espacio donde el sonido logra lo que el lenguaje y los datos no pueden. No se trata de música de protesta en el sentido convencional, sino de una propuesta construida sobre la convicción de que una composición de tres minutos puede alcanzar lugares a los que ninguna estadística o recuento de víctimas llegará jamás. Desde 2020, Eomac —productor y compositor irlandés radicado en Wicklow— ha desempeñado un papel fundamental en este proyecto.
Juntos han publicado cuatro álbumes: Patience of a Traitor, Chasing Stateless, Light Meteors Crashing Around You Will Not Confuse You y Of No Fixed Abode. When The Sandbox Has No Edge va aún más lejos en todas direcciones.
El disco tiene sus raíces en el hip hop, pero sus colaboradores revelan hasta dónde llega su alcance. Abbas Zahedi, Richie Culver y Armand Hammer aportan voces y poesía; Lester St. Louis, el violonchelo; y Che Chen, de 75 Dollar Bill, la guitarra. Por su parte, el productor y diseñador sonoro Seraphim ha contribuido con texturas y diseños sonoros a lo largo de toda la obra. El uso de samples es profundo y variado: desde discos rescatados en tiendas benéficas hasta hallazgos en puestos de mercado durante viajes por carretera a través del Reino Unido.

La mayor parte del material original se creó en 2024 y 2025, cuando Mohammad se mudó a Londres y pudo trabajar de forma más estrecha con Ian. No había un estudio. Mehrabani se instaló en el dormitorio de su hija Yara con dos Roland SP-404 y una colección de diseños sonoros de Seraphim, trabajando hasta que las máquinas no pudieron ofrecer nada más. Las limitaciones eran, precisamente, el objetivo. Este entorno restringido fomentó la invención y el desarrollo de nuevas técnicas, generando una suerte de urgencia que se filtró en la música. El resultado de aquellas sesiones viajó hasta Wicklow, donde McDonnell transformó los fragmentos en bruto en composiciones completas, estructurando el caos sin restarle su esencia.
El arte visual, obra de la artista y arquitecta de origen iraní Elham Goodarzi, traslada la lógica del álbum al plano visual. Desde 2023, Goodarzi ha trabajado manipulando fotografías de archivo de arquitectura de Oriente Medio —algunas de ellas de 1915, capturadas por fotógrafos europeos que viajaron por Irán, Siria, Irak y Palestina—. Mediante procesos de superposición, borrado y reubicación, crea estructuras que parecen pertenecer a un movimiento arquitectónico perdido en algún punto entre la historia y el futuro. Son edificios reconocibles, pero imposibles; parecen ruinas que aún no han tenido lugar. Como señala Goodarzi, se encuentran en un estado de cambio permanente: un arenero sin bordes.
Tal como expresó Abbas Zahedi —en una frase que ha permanecido con ellos—: «Siento que practicamos una versión del islam de código abierto». Esta idea resuena a través de los siglos. Ya en el siglo VII, el imán Alí afirmaba que la forma de «pagar impuestos» sobre el conocimiento consiste en difundirlo. También está presente en la obra del filósofo Reza Negarestani, cuya «teoría-ficción» desdibuja la frontera entre lo real y lo inventado, entre Oriente Medio como lugar geográfico y Oriente Medio como propuesta especulativa. O en los escritos de Henry Corbin, académico de la Sorbona, sobre «Irán-Vej» —la tierra iraní primigenia que no figura en ningún mapa—, un lugar que Corbin denominó «el octavo clima»: un espacio situado más allá de la geografía, en el eje donde convergen la experiencia espiritual y la imaginativa. When The Sandbox Has No Edge opera en un territorio similar. Se fundamenta en la experiencia vivida, en habitaciones concretas de Londres y Wicklow, en guerras específicas, en discos determinados adquiridos en calles concretas. Pero apunta a un lugar completamente distinto.




