
Con Signals, BUNKR nos ofrece su obra más vívida hasta la fecha: un disco arraigado en los paisajes de la juventud, pero sintonizado con las infinitas posibilidades del horizonte.
Todo comenzó con un destello de luz sobre las colinas de Surrey. Una esfera fosforescente atravesó el cielo nocturno sobre Pitch Hill y desapareció tan rápido como había aparecido, ante la mirada de un grupo de amigos y posteriormente reseñada en la prensa local. Más extraño aún fue su proximidad al Laboratorio de Ciencias Espaciales Mullard, escondido en lo profundo del bosque cercano. Ya fuera cósmico o casual, el momento dejó huella: una señal de otro lugar, fugaz pero inolvidable…
Para James Dean (alias BUNKR), las colinas albergaban más que misterios. De niño, eran un refugio: árboles para trepar, senderos para recorrer en bicicleta, bosques infinitos donde perderse. De adolescente, esas mismas colinas se convirtieron en punto de encuentro para fiestas clandestinas escondidas en canteras y bosques. La noticia corría tras la medianoche, el aire vibraba con el lejano retumbar de los ritmos de la 909 y los sonidos de la 808, el brillo de sistemas de sonido como Pineapple Tribe o Kingsize que llenaban la oscuridad con su música. Signals, el nuevo álbum de BUNKR, está marcado por estos encuentros formativos con el espacio, el sonido y lo desconocido.

Musicalmente, Signals expande el universo de electrónica detallada e inmersiva de BUNKR. Texturas ambientales brillantes se entrelazan con patrones polirrítmicos y breaks; líneas de sintetizador pulsan como transmisiones codificadas; fragmentos de energía rave parpadean y se disuelven en amplios paisajes sonoros cinematográficos.
El disco traza una línea entre la memoria y la imaginación: una mezcla de arqueología post-rave y ensueño de ciencia ficción. «Solo ahora, en retrospectiva, me doy cuenta de cuánto me influyó lo que sucedió en esas colinas», reflexiona James. «Las señales siempre estuvieron ahí; solo había que saber dónde buscar».








