Entrevista: BAE BAE

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Entrevistamos a la artista estadounidense BAE BAE, que este viernes lanza un nuevo EP bajo el paraguas de Planet Mu: “Gauze”. En él combina referencias propias como el footwork con otras británicas como el jungle, los breaks y una ambientación Burialiana para reflexionar sobre el genocidio en Palestina.

Aprovechando el nuevo lanzamiento de Kumi James en el sello de Mike Paradinas, compartimos unas palabras con la artista residente en Los Angeles. Su “Gauze” (gasa) hace honor al material originario de Gaza, ciudad y referencia geográfica de la que parte BAE BAE para hacer  uno de los EPs más politizados e interesantes de lo que va de año. Una parte de los beneficios de su venta irán destinados a la organización The Sameer Project. En sus respuestas, James nos habla sobre las cualidades de resistencia que posee la música de baile, el activismo en los Estados Unidos o las voces que han inspirado este trabajo.

En primer lugar, me gustaría saber un poco más sobre el contexto musical y la creación de “Gauze”. Creo que suena bastante diferente a tus trabajos anteriores (más británico, con influencias de breaks/IDM y orientado a Planet Mu) y, además de los aspectos políticos, me encantaría que me contaras cómo fue el proceso concreto y los cambios técnicos que se produjeron durante su creación.

En 2023 me estaba preparando para una residencia artística en el Museo Hammer de Los Ángeles e interpretaba música original que entablaba un diálogo con una instalación artística de Rita McBride inspirada en la ciencia ficción. Unas semanas antes de la actuación, la Inundación de Al-Aqsa rompió por completo cualquier sensación de normalidad, cuando militantes palestinos se rebelaron contra la ocupación israelí. Ser testigo de la cataclísmica reacción del ejército israelí que siguió a los hechos —y que en poco tiempo se cobró la vida de miles de personas, entre ellas un número desproporcionado de mujeres y niños— me cambió profundamente como persona. Ya conocía la larga ocupación de Palestina, pero nunca había visto en los medios de comunicación tal grado de deshumanización. Mi actuación y toda la música que compuse durante las semanas previas se convirtieron en una respuesta al genocidio cada vez más intenso en Gaza. Intenté asumir las contradicciones de lo que estaba ocurriendo como ciudadana de Occidente. El tema “Call to prayer” lo compuse durante ese tiempo, después de ver vídeos de muecines palestinos que seguían entonando el adhan (llamada a la oración) y rezando en mezquitas de Gaza que habían sido arrasadas por las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF).

En cuanto al sonido, estaba estudiando todos los géneros musicales que influyeron en la música de discoteca que pincho en Los Ángeles. Intentaba comprender sus raíces, así que me adentré en los jungle breaks y el garage del Reino Unido, pero también en el footwork de Chicago. La música es ecléctica, aúna elementos que quizá no parezcan encajar entre sí. Esa es la belleza de la música electrónica: todo lo que surgió cuando personas de diferentes orígenes, a menudo de clase trabajadora, acabaron en el mismo barrio y crearon algo nuevo. La música electrónica británica tiene una sólida tradición en ese sentido. Me parece muy relacionada con mis ideas políticas, porque siempre estoy pensando en cómo la unión de las diferencias es lo que más revela nuestra humanidad compartida.

Para mí es fundamental hablar del genocidio que se está produciendo en Palestina en las revistas en las que trabajo. Creo que la mayoría de las personas con las que colaboro están de acuerdo con respecto a la situación, pero carecen de la capacidad o la libertad para hablar de ello. Quería saber cómo llegaste a comprender la “cuestión” palestina y cómo se te ocurrió la idea de grabar este EP.

Sí, desde hace tiempo la gente teme las repercusiones que podría tener en sus carreras el hecho de alzar la voz sobre Palestina, debido a lo arraigadas que están sus instituciones y sus países en el proyecto colonial de Israel. Desde luego, no me siento exactamente “libre” para hablar de estos temas, pero siento que, como ser humano, tengo la obligación de mostrar solidaridad y de concienciar a más gente sobre el genocidio que están sufriendo los palestinos y sobre la implicación de Occidente. El EP es algo que he creado para impulsar un diálogo continuo sobre la situación extrema a la que se enfrentan los palestinos. El título del EP, “Gauze”, hace referencia al tejido curativo que, según se dice, tiene sus raíces históricas en la ciudad de Gaza, en Palestina. El proyecto aborda la herida del genocidio que es nuestra responsabilidad cerrar; una herida que aún no ha sanado, ni siquiera tras la declaración del supuesto “fin de la guerra”, y en la que las potencias coloniales siguen intentando someter a la región mediante incursiones militares en Irán y el Líbano. También quiero poner de relieve el inmenso poder de la fe que existe en sus comunidades. Intento ser muy cautelosa como persona ajena a la situación, pero también mostrar que la solidaridad es vital si queremos poner fin a este tipo de violencia a nivel mundial.

También creo que, al ser de Estados Unidos (corrígeme si me equivoco, por favor), un país que se muestra abiertamente a favor de Israel, has tenido que pasar por situaciones difíciles a la hora de hablar del genocidio. Así que quería saber, si te apetece hablar de ello, cómo ha sido la experiencia de ser ciudadana estadounidense y vivir este tema tal y como es: una terrible masacre perpetrada y justificada por dos Estados coloniales.

Ha habido mucha represión política contra las personas que, en Estados Unidos, alzan la voz en defensa de Palestina. Pero nada de eso es comparable a lo que sufren los palestinos. La solidaridad en estas situaciones conlleva, necesariamente, un riesgo. Nací y crecí en Estados Unidos, pero mis padres son inmigrantes de Panamá y El Salvador, y en ambos lugares Estados Unidos ha perpetuado y financiado grandes masacres de personas para alcanzar sus objetivos políticos. Considero que la situación en Palestina y otros actos coloniales e imperiales en todo el mundo están profundamente entrelazados. También están relacionados con los objetivos capitalistas de apropiarse de más territorio y controlar naciones extranjeras con fines lucrativos y para la extracción de materias primas. Es devastador si uno se toma el tiempo de reflexionar sobre ello.

Mientras escuchaba “Gauze”, no pude evitar pensar en dos artistas que también han creado música o cine sobre Palestina: Nicolas Jaar con “Piedras” y Elia Suleiman con sus películas. Recuerdo que trabajaba en la Filmoteca España cuando organizaron una retrospectiva sobre la obra de Suleiman hace un par de años, y cómo esa experiencia influyó en parte de mi forma de entender el conflicto. Así pues, ¿qué obras de arte, escritores o activistas han influido en tu visión de este EP (además de los que aparecen o no en las canciones) y cómo te hicieron sentir esas obras?

Mi trayectoria profesional es la de cineasta y soy una gran admiradora de las películas de Elia Suleiman, especialmente “Crónica de una desaparición” e “Intervención divina”; son poéticas, pero también muy divertidas. Mientras componía algunas de las canciones del EP, veía con frecuencia la cobertura informativa de periodistas palestinos, sobre todo en Al Jazeera. La valentía de los reporteros, que a menudo habían perdido a sus seres queridos en el genocidio y eran ellos mismos blanco de los ataques, me impactó profundamente. Se ha informado de que casi la mitad de los periodistas asesinados en 2025 eran palestinos, más de 300 hasta la fecha. En la canción “Alhamdulillah” incluyo la voz de uno de esos reporteros, Ahmed Hijazi, e intento plasmar la intensidad de su experiencia en un hospital de Gaza, tratando de ayudar a una niña pequeña a reunirse con su familia. Así pues, gran parte del EP trata de traducir en sonidos los sentimientos que me provocaban las imágenes de lo que estaba ocurriendo en Gaza.

La traducción también está profundamente arraigada en el acto poético, y June Jordan fue una influencia importante, con sus escritos solidarios de la década de los 80, como “Apologies to All the People in Lebanon” y “To Sing A Song of Palestine”. Para mí fue importante ver a una mujer afroamericana que se atrevía a ir más allá de su identidad y a hablar sobre la difícil situación de personas de todo el mundo. El acto de buscar a tientas con las palabras para llegar a algo humano —que es lo que hace la poesía y lo que nos hace crecer— es lo que intento alcanzar con el sonido en el EP, “Gauze”. También me inspiró el uso inquietante y emotivo de samples vocales y otros materiales multimedia por parte de artistas como Burial, a quien admiro enormemente. El tratamiento que él da a los samples del pasado —que degrada aún más y convierte en reliquias— es precisamente cómo quería abordar yo los samples, al tiempo que conseguía que transmitieran una urgencia y un sentimiento de humanidad en el presente.

En los últimos dos años hemos tenido una forma bastante “fácil” de vivir este tema en España. Hemos tenido algunas manifestaciones masivas y una que paralizó la Vuelta a España en Madrid, porque participaba un equipo israelí. Fue precioso. Me gustaría saber, si te apetece contármelo un poco, cómo os organizáis en Los Angeles y qué manifestaciones, protestas o propuestas activistas recuerdas con especial cariño.

Muchos de los que formamos parte de la comunidad musical underground hemos participado en boicots contra Boiler Room porque su empresa matriz, Superstruct Entertainment, fue adquirida en 2024 por KKR, una firma de capital riesgo con vínculos financieros con plataformas inmobiliarias israelíes que operan en territorio palestino ocupado, así como con empresas del sector de la defensa y relacionadas con el armamento. En el Área de la Bahía y en Nueva York se organizaron eventos denominados B.A.S.S. (Bay Area Solidarity Strike y Big Apple Solidarity Strike, respectivamente), creados para apoyar a los artistas que se retiraron de Boiler Room. En Los Ángeles, mi evento Hood Rave organizó un espectáculo llamado «Rhythm 2 Revolt» que recaudó fondos para el Fondo de Solidaridad y Ayuda Mutua de Gaza y para el Fondo de Defensa de los Inmigrantes de la Red Nacional de Organización de Jornaleros. También colaboramos con organizaciones locales de izquierdas como All Power Books y Artists/DJs Against Apartheid. Muchos promotores de espacios musicales underground, como yo misma, consideramos que es importante utilizar la música y el espacio cultural para forjar solidaridad y conexiones entre nuestras numerosas plataformas de fiestas de Los Angeles.

Obviamente, también creo que hay un problema enorme de racismo en EE. UU. Racismo, queerfobia… El odio en general está más presente que nunca con los movimientos de supremacía blanca y la administración de Donald Trump. Igual que con los partidos de extrema derecha de todo el mundo. Me gustaría saber cómo has encontrado tu comunidad y tus espacios seguros en Estados Unidos a lo largo de estos años y qué opinas sobre la situación actual con el ICE, la invasión de países extranjeros por parte del Gobierno… Si quieres contárnoslo.

Un espacio es lo que haces de él. Ojalá existieran espacios intrínsecamente seguros, pero creo que, al actuar y comportarnos de una forma que se centre en nuestro amor y nuestro cuidado hacia los demás, podemos crear espacios poderosos y acogedores que sean más seguros y enriquecedores que la media. De eso se trata Hood Rave [La fiesta de la que BAE BAE es promotora].

No he podido evitarlo, pero me ha llamado la atención que menciones el materialismo histórico en tu biografía de Instagram. Estudié filosofía y también soy, en cierto modo, materialista histórico. Quería saber qué autores o ideas materialistas (no es un examen) te parecen interesantes y cómo crees que esas formas de analizar la realidad se aplican a la situación mundial actual. También cómo intentas plasmar esas ideas en tu música.

Me inspiran profundamente Marx y sus marcos teóricos y argumentos a favor del socialismo. El materialismo histórico sostiene que nuestra realidad actual se basa principalmente en las condiciones político-económicas del pasado, y en menor medida en idealismos o abstracciones. Creo que la música es un ámbito ideal para estudiar el materialismo histórico, ya que es la acumulación de sonidos creados en el pasado, fusionados en el contexto de su época. La música siempre nos habla de un momento y un lugar concretos, y puede ayudarnos a rastrear la economía política que la configuró. El techno de Detroit nos dice mucho sobre cómo los trabajadores, en un contexto desindustrializado, imaginaban el futuro, impulsados por las tecnologías que en su día habían hecho prosperar económicamente a la ciudad. Algunos de mis pensadores políticos palestinos favoritos, como Ghassan Kanafani —cuya voz aparece en el interludio “Ghassan”—, eran miembros marxistas-leninistas del FPLP.

¿Cómo seguimos bailando en un mundo hecho para la muerte?

Ya fuera bajo la ocupación colonial o en las plantaciones esclavistas del siglo XIX, siempre que las personas se han labrado un espacio y unos contextos alejados de su sometimiento, han bailado. Es una expresión desbordante del espíritu y las emociones, y un ritual cultural de conexión. El baile siempre será un signo de vida, pero debemos defender el derecho de todas las personas a liberarse de la dominación que lo ahoga.