DJs, productores y viceversa

¿En qué momento pinchar música y producirla dejaron de ser dos actividades paralelas para fundirse en una sola? Yolanda Go reflexiona sobre estas dos labores, cuya frontera en el panorama actual es cada vez más difícil de situar.

 

Cuenta la leyenda que antaño, para ser dj en tu casa y para tus colegas, solo hacía falta saber pinchar, tener buena música, algo que contar con ella y un poco de talento.

Para acceder a clubes locales, raves, etc, necesitabas también algún tipo de grabadora para planchar un set en un cd o similar, tiempo y paciencia, y un poco de labia para saber venderte mientras entregabas ese cd en mano. Y así era como se abrían las puertas de las cabinas.

Una vez superado ese paso, cuando empezabas a rodar por ahí con tus discos, aparecía la alargada sombra de la exigencia: si quieres llegar lejos de verdad, tendrás que producir.

No vamos a entrar en detalles sobre lo difícil que podía ser eso en aquel contexto: simplemente vamos a recordar que ni todo el mundo disponía de la herramienta necesaria, ni era asequible, ni había sellos digitales para distribuir lo que hacías a un coste razonable. A lo mejor por eso mismo aquella exigencia no estaba tan generalizada como ahora y quedaba reservada solo para dj’s con una proyección internacional.

Pero, ¿y ahora? ¿Cómo funciona todo esto ahora?

En un mundo plagado de dj’s que ya no necesitan un club para llegar al público (bendita era de los streamings, los podcast y las conexiones avanzadas), el abanico de gente que pincha como los ángeles es tan amplio que roza el infinito. Abres instagram y te encuentras vídeos de gente pinchando en sus casas; youtube es un hervidero de plataformas de streamings; internet en general es un cielo lleno de nubes donde colgar tus sesiones. Sería imposible hacer un casting entre tanta candidatura.

Y la tecnología por su parte está mucho más avanzada: hay un quintal de programas y aplicaciones para crear música en tu pc o incluso tablet, un catálogo gigante de cacharros y maquinarias a precios majos, un millón de sellos digitales que podrían servir de altavoz para tu música sin que nadie tenga que invertir en ello nada más que tiempo y ganas, y aunque no consiguieras dar ese paso, podrías montártelo por tu cuenta en soundcloud, mixcloud o bandcamp (en esta última incluso vendiendo).

Ser dj y que los demás lo sepan es más fácil que nunca, y producir música ya no es una odisea. Esa es la situación actual. La que justifica que “la alargada sombra de la producción” esté más presente que nunca y que se imponga como condición sine qua non para hacer carrera como dj: pasar por el estudio a trastear. Da igual cómo tengas de lleno el medallero de méritos a los platos; si no produces, no hay sitio para ti. Es el mercado, amigos. Y si no es así, lo parece.

* Alto: capítulo de honrosas (y escasas) excepciones: Kr!z no produce, efectivamente, pero es que es el dueño de Token Records. Dr. Rubinstein, Ben UFO… y pocos casos más podemos destacar aquí.

Y bien: ¿Tiene sentido esto?

Por una parte, sí, claro. Hablamos de música, y está más que normalizada la idea de que el paso natural después de pinchar sea hacer tus propios hits. Primero manipulas la música ya hecha, y luego la creas tú. No es ninguna aberración. Pero sobre todo, es un atajo muy fácil para hacer cribas, porque no hay cabinas para tanto dj y de alguna manera habrá que discernir. Producir es la prueba de selectividad (PAU) para determinar quién podrá dar el salto y quién no. Ok.

Pero si entramos a analizar la situación un poco más a fondo, a lo mejor nos encontramos ciertas incongruencias. Por ejemplo: ¿hasta qué punto tiene que ver la tarea de pinchar con la de producir? ¿En qué se parecen exactamente? ¿Es verdad que la una sea el complemento de la otra?

Para pinchar hay que, primero de todo, seleccionar música. Eso implica tener buen gusto, criterio, algún tipo de personalidad. Una vez elegida la música, hay que saber trabajar con ella: qué queda bien con qué, por qué, dónde va cada cosa, de qué manera va a entrar esa cosa a sonar, cómo va a salir, y por el camino, qué vamos a hacer con ella para darle algún valor añadido. Se manejan unas herramientas concretas, unos parámetros, y sobre todo, unos tiempos. Y se hace en vivo, a pelo, caiga quien caiga, lo cual exige hacer gala de una capacidad de reacción y de improvisación, otra de saber solucionar y salir del paso, y mucha, pero que mucha inventiva rápida y audaz. Cuando pinchas estás construyendo in situ, y hay que saber arreglárselas para continuar porque una vez que empiezas no hay marcha atrás.

Para producir, la cosa cambia. Sobra comentar lo diferentes que son las herramientas. Hay que tener buen gusto también, criterio por supuesto, una idea de composición y una capacidad de construcción muy alta pero diferente. Porque no existe la presión del tiempo que se te echa encima; se trabaja de forma pausada, sopesada, con un ctrl + Z que te permite volver a empezar, rehacer y deshacer cuando convenga.

Para ser honestos, parece más lógico pensar que para ser productor sí es absolutamente necesario o al menos muy recomendable saber pinchar previamente, porque solo así entenderás el uso que se le va a dar a eso que estás produciendo, cómo se va a manejar y por tanto, qué tiene que tener y no tener eso que vas a sacar para que lo use un dj.

Sin embargo, parece que es al revés: para ser dj hay que ser productor, pero para ser productor no hay que ser dj. Espera, espera… ¿cómo que no?

Ahora mismo la tendencia es la contraria. Por un lado, si eres productor y te va bien, acabarás actuando en una cabina, te guste o no. Eso sí que es el mercado, amigos.

Tu repercusión y tus ventas irán a parar reflejadas a algún escenario, y no precisamente haciendo un directo. No vamos a mencionar casos aquí porque todos conocemos más de 2 y 3… Eres productor, vendes discos, grandes dj’s ponen tus temas: empieza a dejarte ver por las cabinas. ¿Que es mucho lío lo de llevar todos esos aparatos que usas? No hay problema: coge un par de cdjs y sal a poner tus cosas, da igual que aburras a las piedras; son tus producciones, nadie te puede toser. Y esto es, como mínimo, llamativo: si eres un gran dj pero no produces, tu futuro pinta negro, aunque solo aspires a pinchar. Si eres un gran productor pero como dj no vales un duro, da lo mismo, pa alante y fechas a cascoporro, tranqui que ya aprenderás.

A lo mejor lo justo sería que alguien que destaca por sus producciones, actúe en formato live, no pinchando. Y que alguien que destaque por pinchar, tenga su merecido hueco, y no se espere que haga nada más. Lo mismo que a un cocinero nadie le reclama que plante sus propias berenjenas, porque lo suyo es gratinarlas rellenas, ni al agricultor que le vende las lechugas a los cocineros con estrella Michelín se les pide que además hagan ensaladas. Los unos se complementan a los otros, pero no tienen por qué ser multitask. Que si lo eres, pues mejor para ti, pero al 50% por favor. Que no se note tanto que en realidad solo eres de un bando.

A veces parece que el mundo se está confabulando contra el noble arte de pinchar. Primero, fue un oficio denostado. Después, cuando por fin alcanzó un merecido respeto y status, se añadió el impuesto de tener que producir para poder ejercerlo en toda su amplitud. Y ahora, hasta las herramientas vienen configuradas para que pinchar acabe siendo producir: temas despiezados en loops y controladoras para jugar con ellos. Platos con pitch se fabrican pocos, pero juguetes multipistas salen a diario. ¿A dónde nos lleva todo esto? El tiempo (o el mercado) nos lo dirán.