Marisa Anderson: The Anthology of UnAmerican Folk Music (Thrill Jockey Records)

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La música de Marisa Anderson trasciende fronteras. La topografía de su obra indaga en la intersección del arte y la expresión con la forma y la tradición.

Guitarrista singular y colaboradora musical incansable, Marisa Anderson crea piezas rebosantes de reverencia y curiosidad, transformando formas familiares en obras completamente suyas. Durante décadas, Anderson ha explorado las raíces de las complejas e interconectadas tradiciones folclóricas estadounidenses en las que se sumergió desde joven, yendo más allá de esas tradiciones e incorporando a su trabajo el vocabulario y las técnicas de la música vernácula y folclórica de diferentes épocas y más allá de las fronteras. Rechazando la replicación o la reedición, la música de Anderson dialoga con la tradición. «Mi enfoque de la tradición se basa en mis habilidades y mi historia», señala Anderson. «En ese sentido, es una colaboración: no se trata de colaborar intentando tocar como la otra persona, sino de descubrir cómo tocar juntos».

The Anthology of UnAmerican Folk Music es una colección de casi mil canciones extraídas de la colección privada de discos del difunto Harry Smith. Recopilada por Anderson tras un encuentro fortuito que le brindó la oportunidad de estudiar y explorar este tesoro musical, la Antología se centra en la música de lugares con los que Estados Unidos ha estado en conflicto desde 1970: el sudeste asiático, la URSS y las regiones árabes e islámicas del mundo. En el Volumen 1, Anderson presenta sus propias versiones profundamente personales de nueve canciones de la Antología. Compuestas, transcritas y arregladas mediante un proceso de ensayo y error, escucha atenta e investigación, Anderson traza un recorrido musical desde Afganistán hasta Vietnam, pasando por Yemen, Camboya y Turkmenistán. Las interpretaciones de composiciones que van desde el qawwali pakistaní hasta el taqsim sirio son ejecutadas con la destreza y la experiencia de Anderson. Cada pieza del álbum se erige como un diálogo entre Anderson y la grabación original, refractado a través del prisma de su singular visión musical. La contribución de Anderson a este diálogo invita, en última instancia, al oyente a unirse a ella en la pregunta: «¿Quiénes son las personas a las que, a lo largo de nuestra vida, se nos ha dicho que son «antiamericanas»? ¿Qué hemos perdido o a qué se nos ha negado el acceso como consecuencia de esa etiqueta?».

El proyecto en curso de la Antología se centra en la curiosidad y el compromiso con la escucha profunda, buscando tender puentes con comunidades y prácticas culturales de todo el mundo. Anderson reconoce abiertamente las limitaciones con las que trabajaba, entre las que se incluyen la histórica falta de acceso a tradiciones fuera de los mercados y marcos de referencia estadounidenses, la documentación inadecuada en las fuentes y la necesidad de operar dentro de un tiempo limitado para explorar vastas tradiciones culturales. Para Anderson, estos son elementos clave del diálogo. «Soy música, no etnomusicóloga ni antropóloga», señala Anderson. «Me interesa cómo se crea, organiza y comparte la música. Me interesa cómo las personas y la música se mueven por el mundo, cómo la guerra, la migración, el nomadismo, la colonización y las dinámicas económicas contemporáneas e históricas afectan a la música y a los músicos. ¿Cuál es la relación musical de las personas con el lugar? ¿Cómo se altera esa relación cuando el cambio de fronteras o los conflictos globales restringen la movilidad o fuerzan la migración hacia o desde un lugar? ¿Qué llevamos con nosotros cuando dejamos nuestro hogar y qué traemos de lugares lejanos

La instrumentación que Anderson emplea aquí le resulta familiar: guitarras eléctricas y acústicas, teclados eléctricos, requinto jarocho, acordeón y tres cubano. El disco también incluye interpretaciones clave de la violinista y violista Gisela Rodríguez Fernández. Con el objetivo de mantenerse fiel a la esencia del material original, Anderson lleva sus instrumentos más allá de los límites de sus territorios tradicionales, aun sabiendo que sus interpretaciones nunca replicarán por completo los sonidos y frases construidos en torno a sistemas e instrumentos musicales no occidentales. Los drones del acordeón desmienten los delicados matices de la guitarra acústica en piezas como “Quodlibet”, a la vez que se aproximan al uso de cuartos de tono de la original. “Taqsim for Guitar” prescinde del uso habitual de la improvisación en un taqsim para interpretar con mayor precisión el fraseo melódico de la pieza original. Arreglos cuidadosos de teclados superpuestos emulan flautas monótonas en “Pair of Duduk” y guitarras entrelazadas adoptan las sinuosas melodías vocales de “Hamd”.

Para Anderson, no existen respuestas fáciles. The Anthology of UnAmerican Folk Music es tanto una celebración de la música de más allá de las fronteras como un análisis de aquellas fronteras, reales e imaginarias, que restringen el movimiento y limitan el flujo natural de la música por todo el mundo. Filtrado a través de décadas de experiencia como artista singular e intérprete de sentimientos y sonidos, el primer volumen de la Antología demuestra la reverencia de Anderson por aquellas prácticas desconocidas y en gran medida excluidas del léxico estadounidense, al tiempo que captura la esencia humana que subyace a la diversidad de expresiones musicales.